sábado, enero 29, 2011

Por qué el nazismo era socialismo y por qué el socialismo es totalitario

Por George Reisman
Ludwig von Mises Institute,

El propósito es hablar sobre dos temas:

(1) Demostrar que la Alemania Nazi era un estado socialista, y no capitalista.

(2) demostrar por qué el socialismo, entendido como un sistema basado en la propiedad gubernamental de los medios de producción, requiere para funcionar una dictadura totalitaria…

La identificación de la Alemania nazi como un estado socialista fue una de las grandes contribuciones de Ludwig von Mises.

Cuando uno recuerda que la palabra "Nazi" era una abreviatura para
"der Nationalsozialistsiche Deutsche Arbeiterpartei --traducido:
el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán-- la identificación de Mises podría no parecer demasiado digna de mención. ¿Qué otra cosa deberíamos esperar del sistema económico de un país dirigido por un partido con el calificativo "socialista" en su nombre más que sea socialista?

Sin embargo, aparte de Mises y sus lectores, prácticamente nadie piensa que la Alemania nazi era un Estado socialista. Resulta mucho más común creer que representa una forma de capitalismo, que es precisamente lo que los comunistas y el resto de marxistas afirman. La base de tal aseveración se encuentra en el hecho de que la mayoría de las industrias de la Alemania nazi estaban aparentemente en manos privadas.

Lo que Mises descubrió fue que la propiedad privada de los medios de producción existía sólo nominalmente bajo los Nazis y que la sustancia real de la propiedad de los medios de producción residía en el gobierno alemán. Era el gobierno alemán y no los supuestos propietarios privados quien ejercía todos los poderes sustantivos de la propiedad: é, y no los propietarios privados, decía qué iba a ser producido, en qué cantidad, por qué métodos y a quién debía distribuirse, así como los precios y los salarios que debían pagarse, y qué dividendos y otras rentas debían percibir los supuestos propietarios privados. La posición de estos denominados dueños privados, según demostró Mises, fue reducido esencialmente al de pensionistas gubernamentales.

La propiedad gubernamental de facto de los medios de producción, tal y como la llamó Mises, estaba lógicamente implícita en los principios fundamentalmente colectivistas de los nazis tales como "el bien público antes del bien privado" y "el individuo existe como un medio para los fines del Estado". Si el individuo es un medio para los fines del Estado, también lo es, claro está, su propiedad. De la misma manera que el individuo pertenece al Estado, su propiedad también lo hace.

Pero lo que específicamente estableció de facto el socialismo en la Alemania nazi fue la introducción de controles de precios y salarios en 1936. Fueron impuestos como respuesta a la inflación de la oferta monetaria lleva a cabo por el régimen desde que había alcanzado el poder a principios de 1933. El régimen nazi infló la oferta monetaria para financiar enormes incrementos del gasto público, necesario para sus programas de trabajo público, subsidios y rearme. El control de precios y salarios se impuso como respuesta al incremento de precios resultante de la inflación.

El efecto de la combinación de inflación y controles de precios y salarios es la carestía, esto es, una situación en la que la cantidad de bienes que la gente está dispuesta a comprar excede la que hay a la venta… La carestía, a su vez, genera un caos económico. No se trata sólo de que los consumidores que lleguen antes a las tiendas están en una posición mejor para comprar todas las disponibilidades de bienes dejando a los consumidores que llegan después con nada -una situación a la que los gobiernos responden con el racionamiento. Los desabastecimientos generan caos por todo el sistema económico. Introducen la aleatoriedad en la distribución de la oferta entre áreas geográficas, en la distribución de un factor productivo entre los distintos productos, en la asignación del trabajo y el capital entre las distintas ramas de un sistema económico.

Cuando se combina el control de precios con la carestía, el efecto de una reducción de la oferta de un bien no es, como ocurriría en el libre mercado, el aumento de su precio, el incremento de su rentabilidad, y por tanto la detención de la reducción de la oferta o la reversión si ha ido demasiado lejos. Los controles de precios impiden el incremento de precios y por tanto el incremento de la rentabilidad. Al mismo tiempo, el desabastecimiento ocasionado por controles de precios impide que los incrementos de la oferta reduzcan el precio y la rentabilidad. Cuando hay una carestía, el efecto de un incremento de la oferta se traduce meramente en una reducción de la severidad del desabastecimiento. Sólo cuando el control de precios se eliminado totalmente, un incremento de la oferta provoca una reducción del precio y de la rentabilidad.



Como resultado, la combinación de controles de precios y carestía hace posible un movimiento aleatorio de la oferta sin que afecte a los precios y a la rentabilidad. En esta situación, la producción de los bienes más triviales y poco importantes, incluso las piedras de animales, pueden ser expandidos a expensas de la producción más urgentemente necesitada -como medicinas vitales- sin cambios en el precio o la rentabilidad de cualquier bien. Los controles de precios impiden que la producción de medicinas se vuelva más rentable cuando disminuye su oferta, mientras que cuando se practica incluso sobre las piedras de animales impide que su producción devenga menos rentable cuando su oferta aumenta.

Tal y como Mises demostró, para enfrentarse con esos efectos no deseados del control de precios, el gobierno tiene que, o bien abolirlos, o bien añadir medidas más drásticas, esto es, precisamente el control sobre lo que se produce, la cantidad, los métodos, y a quién se distribuye, a lo que ya me he referido antes. La combinación del control de precios con todo un conjunto de controles adicionales provoca la socialización de facto del sistema económico. Significa que el gobierno ejerce todos los poderes sustantivos de la propiedad… Este fue el socialismo instituido por los nazis. Y Mises lo llamó socialismo de tipo alemán o nazi, en contraste con el socialismo más obvio de los soviets, al que denominó socialismo de tipo ruso o bolchevique.

Por supuesto, el socialismo no termina con el caos provocado por una destrucción del sistema de precios. Lo perpetúa. Y si se introduce sin la previa existencia de controles de precios, sus efectos son inaugurar el caos. Esto se debe a que el socialismo no es un sistema económico positivo. Es simplemente la negación del capitalismo y de su sistema de precios. Como tal, la naturaleza esencial del socialismo es exactamente la misma que el caos económico resultante de la destrucción del sistema de precios por los controles de precios y salarios. (Quiero puntualizar que la imposición de un sistema de producción por cuotas del socialismo de tipo bolchevique, con excedentes en todas partes para exceder la cuotas, es una fórmula para la carestía universal, tal y como existe con los controles de salarios y precios).

Como mucho, el socialismo simplemente cambia la dirección del caos. El control gubernamental sobre la producción podría hacer posible una mayor producción de algún tipo de bien de especial importancia, pero lo hace a costa de causar estragos a lo largo del resto del sistema económico. Esto se debe a que el gobierno no tiene ningún medio de conocer los efectos sobre el resto de la economía de su producción mínima de bienes a los que otorga especial importancia… Los requisitos para ejecutar un sistema de controles de precios y salarios arrojan mucha luz sobre la naturaleza totalitaria del socialismo -con mayor claridad, claro, en la variante alemana o nazi del socialismo, pero también el socialismo de tipo soviético.

Podemos empezar del hecho de que el interés financiero de los vendedores operando bajo controles de precios es evadir los controles y subir los precios. Los compradores, de otro modo, serán incapaces de obtener los bienes que desean, ya que, además, están capacitados para pagar precios más altos para conseguir los bienes que quieren. En estas circunstancias, ¿qué va a conseguir detener el incremento de precios y la aparición de un mercado negro masivo?

La respuesta es una combinación de sanciones públicas combinado con una gran probabilidad de ser aprehendido y sufrir esas sanciones. Las simples multas no parece que vaya a detener nada. Serán consideradas como un gasto empresarial más. Si el gobierno está seriamente implicado en los controles de precios, es necesario imponer sanciones comparables a las de los delitos más graves.

Pero la simple existencia de esas sanciones no es suficiente. El gobierno tiene que hacer además peligroso realizar actividades en el mercado negro. Tiene que alentar el miedo de la gente haciéndoles pensar que podrían ser descubiertos por la policía y, de hecho, encarcelados. Por ejemplo, el gobierno debe atemorizar a un tendero y a su clientela de que si entran en el mercado negro, algún otro cliente lo comunicará.

Pero, debido a la privacidad y secreto en los que se realizan la mayoría de las transacciones del mercado negro, el gobierno debe atemorizarlos también diciendo que algún parte del trato podría ser un agente de la policía tratando de capturarle. El gobierno debe meter miedo a la gente incluso de sus socios de toda la vida, incluso sus amigos y familiares, podrían ser espías. Y, finalmente, para obtener una condena, el gobierno debe dejar la decisión sobre inocencia o culpabilidad en las manos de un tribunal administrativo o de agentes de la policía en el acto.

No puede recaer en juicios con jurados, porque no parece probable que muchos jurados estuvieran dispuestos a declarar culpables a gente que sería condenada a bastantes años de prisión por el crimen de haber vendido unos poco gramos de carne o un par de zapatos por encima del precio máximo.

En resumen, por tanto, los requisitos de un las regulaciones de precios deben compartir las características esenciales de un estado totalitario, esto es, la creación de la categoría de "delitos económicos", para los que la persecución de la felicidad y del interés materia sea tratado como un delito ofensivo; la creación de un aparato policiaco totalitario, lleno de espías e informadores; y el poder de arrestar y encarcelar de manera arbitraria.

Claramente, la ejecución de controles de precios requiere un gobierno muy similar al de Hitler en Alemania o al de Stalin en Rusia, donde prácticamente cualquier persona podía ser un espía de la policía y en el que existe la policía secreta existe con poder para arrestar y encarcelar a la gente. Si el gobierno no desea llegar tan lejos, entonces sus controles de precios se muestran como ineficaces y simplemente se colapsan. El mercado negro alcanza mayores proporciones (Por cierto, nada de esto pretende sugerir que los controles de precios fueron la causa del reino de terror de los nazis. Los nazis comenzaron su reino de terror bastante antes de instaurar los controles de precios. Y, como resultado, instauraron los controles de precios en un ambiente propicio para su ejecución).

La actividad del mercado negro favorece la comisión de crímenes adicionales. Bajo un socialismo de facto, la producción y venta de bienes en el mercado negro supone el desafío a las regulaciones gubernamentales en relación con la producción y la distribución, así como a los controles de precios. Por ejemplo, los propios bienes que se venden en el mercado negro intentan ser distribuidos por el gobierno de acuerdo con su plan, y no mediante el mercado negro. Los factores productivos que se emplean para producir esos bienes pretenden, de la misma manera, ser usados por el gobierno de acuerdo con su plan, y no con el propósito de aprovisionar al mercado negro.

Bajo un sistema de socialismo puro, como el que existía en la Rusia soviética, en el que las leyes del país abierta y explícitamente convertían al gobierno en el propietario de los medios de producción, toda la actividad del mercado negro suponía necesariamente una apropiación injustificada o un robo de la propiedad estatal. Por ejemplo, se consideraba que los trabajadores o directores de las fábricas en la Rusia soviética que retiraban productos para venderlos en el mercado negro estaban robando las materias primas que había entregado el Estado.

Además, en cualquier tipo de estado socialista, nazi o comunista, el plan económico del gobierno es una parte de la ley suprema de la tierra. Todos tenemos una cierta idea de cuán caótico es el proceso de planificación socialista. La distorsión posterior de los trabajadores y directores aprovisionando el mercado negro con materiales para producir es algo que un estado socialista considerará como un acto de sabotaje al plan económico nacional. Y sabotaje es, de hecho, como el código legal socialista lo considera. En coherencia con este hecho, la actividad del mercado negro en un país comunista normalmente acarrea la pena de muerte.

Ahora pienso en este hecho fundamental que explica todo el reino de terror que se vive bajo el socialismo y el increíble dilema en el que un estado socialista se coloca a sí mismo con respecto a las masas de ciudadanos. Por un lado, asume la entera responsabilidad sobre el bienestar económico del individuo. El socialismo de tipo ruso o bolchevique confiesa abiertamente -ésta es la fuente principal de su defensa popular. Por otro lado, en todos los sentidos que uno pueda imagina, el estado socialista consigue una increíble chapuza. Convierte la vida del individuo en una pesadilla.

Cada día de su vida, el ciudadano de un estado socialista debe emplear grandes cantidades de tiempo para esperar en colas sin fin. Para él, los problemas que experimentaron los americanos con la carestía de gasolina en los 70 son normales; simplemente que no los experimenta en relación con la gasolina -dado que no posee un coche y no tiene esperanzas de hacerlo- sino en relación con simples elementos como el vestido, las verduras o incluso el pan. Incluso más grave, está forzado frecuentemente a trabajar en un lugar que no ha elegido y que, por tanto, debe odiar con toda seguridad. (En tanto bajo la carestía el gobierno debe decidir la distribución del trabajo así como la del resto de los factores materiales de producción). Y además vive en una situación de hacinamiento inverosímil, con pocas ocasiones para la privacidad. (Al existir carestía de viviendas, los planificadores asignan las casas; las familias son obligadas a compartir los apartamentos. Y se adopta un sistema de pasaportes y visados internos para limitar la gravedad de la carestía de vivienda en las áreas del país donde más interesa). Para decirlo con claridad, una persona que viva en esas condiciones tiene que hervir en resentimiento y hostilidad.

Entonces, ¿contra quién sería más lógico que los ciudadanos de un estado socialista dirigieran su resentimiento y hostilidad más que contra el propio estado socialista? El mismo estado socialista que se había proclamado responsable de sus vidas, prometiendo una existencia llena de felicidad, es de hecho el responsable de haberles proporcionado el infierno. Así, los líderes de un estado socialista viven un dilema adicional, tienen que forzar a la gente diariamente a creer que el socialismo es un sistema perfecto cuyos malos resultados sólo pueden deberse a la obra de hombres perversos. Pero si eso fuera cierto, ¿qué persona cuerda no identificaría a los hombres perversos con los dirigentes mismos, quienes no sólo han convertido la vida en un infierno, sino que han pervertido un sistema supuestamente perfecto?

Se sigue, por tanto, que los dirigentes de un estado socialista deben sentir un continuado terror por la gente. Por la lógica de sus acciones y enseñanzas, el agobio y el resentimiento de la gente debería alentarlos a una orgía de venganza sangrienta. Los dirigentes sienten esto, aunque no lo admitan abiertamente; y, en consecuencia, su mayor preocupación es mantener el control de la ciudadanía.

Por consiguiente, es cierto pero inadecuado decir simplemente cosas como que en el socialismo hay falta de libertad de prensa o de expresión. Por supuesto, están libertades están ausentes. Si el gobierno es propietario de todas las publicaciones y periódicos, si decide los propósitos de las imprentas y del papel que se crea, entonces obviamente nada que el gobierno no quiera que se edite podrá ser editado. Si es propietario de todos los salones, ningún se podrá ofrecer ningún discurso público o académico que el gobierno no desee que se pronuncie. Pero el socialismo va más allá de la mera falta de libertad de expresión y prensa. Un gobierno socialista aniquila completamente estas libertades. Convierte la prensa y cualquier foro público en un vehículo para una propaganda histérica en su propio provecho, y se implica en la implacable persecución de todo aquel que se desvía una pulgada de la línea oficial del partido.

La razón de estos hechos es el miedo de los dirigentes socialistas hacia la gente. Para protegerse a ellos mismos, deben ordenar que el ministerio de propaganda y a la policía secreta funcionen 24 horas al día. El primero para desviar continuamente la atención de la responsabilidad del socialismo y de sus dirigentes en relación con la miseria de la gente. El segundo, para remover y silenciar a todo aquel que remotamente sugiera que los dirigentes socialistas son responsables del desastre -eliminar a todo aquel que empieza a dar signos de pensar en ese sentido. Es por el miedo de los dirigentes, y por su desesperada necesidad de encontrar chivos expiatorios a los fallos del socialismo, que la prensa de los países socialista está siempre llena de historias sobre conspiraciones extranjeras y sabotajes, o sobre corrupción y mala administración de los oficiales subordinados, y por qué periódicamente es necesario desenmascarar conjuras domésticas a gran escala y sacrificar a importantes oficiales y facciones enteras en purgas gigantescas...

martes, enero 25, 2011

EL BEMBÉ DE ALAMINO

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martes, enero 18, 2011

jueves, enero 13, 2011

martes, enero 11, 2011

"FIEL, CASTRO" / VIDEO DE RICARDO VEGA

No dejen de ver el video del cineasta cubano Ricardo Vega, esposo de Zoe Valdés titulado:
Fiel, Castro, con una excelente edición de discursos del dictador en diferentes etapas de su mando, haciendo promesas que nunca se cumplieron.


http://www.zoevaldes.net/


Ricardo Vega. La Habana, 1965, es cubano-francés, exiliado en Francia.

Realizó el cortometraje Insomnio, en Cuba, a los 22 años, de manera underground.

Realizó el largometraje Te quiero y te llevo al cine, (1993) en Cuba (35 mm), con los sobrantes de la producción filmica del ICAIC, lo que le llevó 7 años.

Se exilió en París en 1995.

En Francia ha dirigido 16 documentales sobre Arte, notablemente la Serie: Un pintor, un cuadro, y ha trabajado con numerosos pintores cubanos en el exilio.

Es además el realizador del documental Cuba, la bella, que es el origen de Fiel Castro (2008). Este documental fue editado en forma de DVD, en España y en Francia.

Ha trabajado en la publicidad y en la información política, en France 2, Arte, 2M, Radio y TV Martí, Telemundo, TVE, Le Monde Interactive, para MTV (para quienes filmó el primer video-clip de Carlos Varela, estando todavía en Cuba).

Es consultor de video de Eutelsat. Gerente de Lunáticas Productions y de Telebemba. Co-dueño de Ars Atelier.

Fue el actor coprotagonista, junto a Verónica López, del largometraje de ficción Sed, de Enrique Álvarez. Cuba, 1992.

Ha sido editor, productor, camarógrafo, y asistente de dirección.

En Cuba fue confundador del Grupo opositor ArDe (Arte y Derecho). Firmante de la Carta de los Diez.

Ha participado en varios festivales internacionales de cine y en eventos cinematográficos y políticos.

jueves, enero 06, 2011

¡ MISIÓN CUMPLIDA..!

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lunes, enero 03, 2011

REFRESCOS EN EL RECUERDO




Yo recuerdo que en Cuba antes del 1959 y hasta un poco después habían un surtido de marcas de refrescos enorme, recuerdo ( mi padre tenía una bodega en la esq. de San Leonardo y Flores, en Santos Súarez ) que a veces me ponían a llenar el refrigerador comercial de 4 puertas con cervezas y refrescos, voy a hacer un ejercicio de memoria y me gustaría que Uds, completaran la lista sin se me pasa alguna marca:


Importados ( Pero muchos con plantas envasadoras y embotelladoras en Cuba )

- Coca Cola

- Pepsi Cola

- Royal Crown Cola

- Canada Dry y sus diferentes sabores

- Green Sport

- Dr, Pepper

- Ginger Ale

- Orange Crush

- Seven Up
- Champaigne Sport


Nacionales

- Materva

- Salutaris

- Jupiña

- Piña Lanio

- Cawy y sus sabores

- Ironbeer

- Nao Capitana ( Chocolate )
- La Bella Matancera ( Matanzas )
- Nehi
- Cocorico
- Quinabeer
- Pru Oriental ( Solo en Oriente y no se envasaba )
- Tarajano ( Pinar del Rio )
Existían además las fuentes de sodas, que en muchas cafeterías te servían un refresco hecho con sirope del sabor elegido, generalmente eran 3, fresa, naranja y mantecado, en un vaso con hielo frapee, vertían una buena parte de sirope y rellenaban con agua efervecente o natural, revolvían y a disfrutar, lo que más gustaba era ver el proceso de la preparación, en vivo, lo mismo que el guarapo de caña, que en muchos lugares si lo pedías le agregaban una rodaja de limón que le venía muy bien, y evitaba que se tornara "prieto" el jugo de caña, dulcísimo, un vaso enorme con mucho hielo. Costaba 5 centavos el guarapo y 8 centavos el refresco de la fuente de soda. Todos los refrescos embotellados costaban 5 centavos y un centavo extra si te lo llevabas, pero te pagaban el centavo por el envase vacio, o de lo contrario se lo cambiabas al pirulero por melcocha o pirulí, cuando pasaba por el barrio con su carretón lleno de botellas vacias.


¿ Alguien recuerda más?

sábado, enero 01, 2011

EL AÑO NUEVO CUBANO

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