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LO QUE DEBE SABER TODO CUBANO SOBRE EL EMBARGO ANTES DE OPINAR CON EL ESTOMAGO
Algunas apreciaciones acerca
del embargo estadounidense al régimen de Cuba
Armando de Armas
Ahora que sube, como cada cierto tiempo, la
fiebre a consecuencia del embargo estadounidense al régimen isleño visto como
un síndrome maligno; mal de males. Sería saludable puntualizar algunos aspectos
sobre el tan llevado y traído embargo. Como ha de saberse este fue establecido
en febrero de 1962, durante la administración de John F. Kennedy, como una
respuesta a la confiscación de propiedades estadounidenses por parte de La
Habana sin compensación alguna y en violación descarada de las leyes
internacionales. Pero el embargo derivó enseguida hacia la función de arma
política, ante el hecho de los fusilamientos masivos y el encarcelamiento de
los opositores en la isla; así como por la eliminación acelerada de la prensa
libre, el derecho a entrar y salir del país, el pluripartidismo, los sindicatos
independientes y los más elementales indicios de sociedad civil.
También el embargo fue una
respuesta a las expediciones filibusteras enviadas por La Habana desde el mismo
año 1959 a países como Santo Domingo, Panamá, Venezuela, Guatemala, Nicaragua y
Colombia con el objetivo de imponer en ellos el modelo comunista; además de una
respuesta a la estructuración de redes internacionales de subversión y
desestabilización con el propósito declarado de incendiar el continente
americano.
Lo primero que salta a la vista aquí es que
Castro no se vuelve malo y despechado y va a echarse en la cama con el amo
soviético porque Washington lo obligó a ello con su incomprensión, la dura
retórica y las medidas del embargo; como se ha asegurado con una ingenuidad
rayana en la bobería. La verdad parece ser que Estados Unidos apostó a favor de
Castro desde el año 1958 cuando decretó un embargo a la venta de armas para el
gobierno de Batista, que una vez llegado Castro al poder hizo todo lo humana y
diplomáticamente posible por tener unas relaciones cordiales con el nuevo
detentador del poder en la vecina isla y que las presiones norteamericanas, en
verdad tímidas, fueron una respuesta a la desbocada conversión de Cuba en
satélite soviético nada menos que en su propio traspatio. Entonces, si el
embargo económico derivó en un arma política para Washington, es explicable que
los cubanos anticastristas vieran con simpatía esa arma e intentasen utilizarla
para su propio beneficio en contra del enemigo y que, lógicamente, procurasen
mantenerla a toda costa; arma que, la verdad sea dicha, nunca se ha usado
cabalmente pero que en ocasiones es la única que se ha usado.
Al exilio cubano se le ataca por apoyar una
política de mano dura en contra de Cuba, dicen, en una manipulación del uso del
lenguaje que intenta hacer ver que Cuba y Castro son una cosa y lo mismo; así,
de un plumazo, se confunde a la víctima con el victimario. Se nos quiere
convencer de que cualquier daño infligido al victimario es un daño infligido a
la víctima. Dicen por otro lado que con Castro hay que ser respetuosos y
moderados, que no se le puede ofender ni con el pétalo de una rosa porque entonces
se pone muy bravito y puede llegar, oigan esto, a atrincherarse y aumentar la
represión; como si desde siempre no hubiese estado atrincherado y reprimiendo,
como si fuese un pobre tipo incomprendido que hay que mantener contento a todo
trance; un tipo que nunca sería responsable por ningún crimen, sino que, los
responsables serían los otros, los que le ofrecen resistencia y le impiden
(¡faltaba más!) andar a sus anchas en la impunidad.
La verdad es que la historia de
Castro muestra que sólo se detiene ante la fuerza, que sólo a la fuerza respeta
y que su diálogo el de la fuerza es; y por ahí entramos en otro de los tópicos
que más detractores ha sumado al denominado núcleo intransigente del exilio, el
de su negativa a dialogar con Castro; no por falta de disposición y capacidad
para el diálogo como se pretende, sino por la comprensión meridiana de la
imposibilidad de conversar con Castro, o al menos conversar para que
democratice al país y deje vivir civilizadamente a los cubanos. Con Castro y el
diálogo parece ocurrir como con la interpretación hermética y ocultista del
mandamiento bíblico del “No matarás” que
advertiría a los hombres no acerca de la prohibición del acto de matar, que
sería en última instancia un acto imposible debido al principio de la eternidad
del alma. Si el Antiguo Testamento apercibe a los incautos de la pérdida de
tiempo en el intento de liquidar a un prójimo, el exilio por su parte apercibe
a los incautos de la misma pérdida de tiempo en el intento de dialogar con ese
prójimo a 90 millas llamado Castro.
Los hechos demuestran eso una y otra vez, pero no
importa, una y otra vez hay individuos, organizaciones, instituciones y
gobiernos empeñados en dialogar con Castro, en oír monologar a Castro, y se dan
situaciones que lindan entre lo ridículo y lo kafkiano como el accionar de esos
personajillos que periódicamente llegan de Cuba después de viajar allí en
parafernalia mediática y declaran (orondos que no les cabe un alpiste en el
tercer ojo), el haber conversado con Castro seis horas seguidas, mayormente
durante las noches y hasta el amanecer; pero a los pocos días vienen otros que
más osados rompen el récord y proclaman erotizados haber conversado siete horas
seguidas con Castro; alguno de esos va y sale con algún preso, prueba de que
con Castro sí se puede hablar y obtener concesiones (¡hombre lo que hay es que
tener talante!); pero nada más dar la vuelta el personajillo, o antes de darla,
ya Castro ordena que metan tras las rejas no a uno, sino a ocho infelices,
negocio redondo, suelta uno y mete ocho; y entre tanto el personajillo
dialogante acrecienta su capital político, tranquiliza su conciencia y aplaca
las críticas de esos incómodos e inciviles exiliados de Miami. Es como si la
política internacional respecto al régimen cubano se hubiese reducido a una
especie de periódicos campeonatos de la conversadera.
La realidad es que en el exilio siempre ha habido
organizaciones dispuestas al diálogo probablemente debido a una mezcla de
principios y estrategia; no porque verdaderamente crean en la posibilidad de
llevarlo a cabo. Me refiero, por supuesto, a organizaciones serias y realmente
anticastristas…; no a esas otras, en verdad la mayoría de las que proclaman el
diálogo con La Habana, que sólo pretenden hacer el juego a la tiranía (que gane
tiempo y dinero), y que de paso engañe a los incautos en Washington o en
Bruselas.
El terco acontecer se encarga de enseñar que
cualquier intento de ablandar la política respecto al comunismo isleño, deviene
no en un relajamiento de éste en pago a las buenas intenciones mostradas, sino
en un aumento del endurecimiento y la agresividad del mismo; pues la
característica gansteril del comunismo, y en ello Castro es impecable e
implacable, nunca ve las concesiones del enemigo, o el simple adversario, como
gestos de buena voluntad; sino como prueba irrefutable de su debilidad. Por
ello, en 1974, cuando Estados Unidos procuró un acercamiento con el régimen de
Castro y el presidente Gerard Ford sin pedir nada a cambio decretó un
levantamiento de algunos aspectos del embargo, y permitió que compañías
estadounidenses radicadas en terceros países, o sus sucursales, pudieran
establecer relaciones comerciales con la tiranía, ésta no respondió con una
apertura política en el plano externo o interno, como esperaríamos acorde con
los pronósticos de la progresía, sino que ocurrió todo lo contrario: Castro
ordenó el desencadenamiento de la intervención militar en Angola, Etiopía y
Namibia, envió contingentes de tropas y asesores a involucrarse en el conflicto
del Oriente Medio (una brigada de tanques de la isla combatió en las Alturas
del Golán de parte del régimen de Siria y contra el Estado de Israel) y en las
guerras de Indochina. Mientras que eso sucedía en el exterior, dentro de Cuba
los isleños seguían con la cartilla de racionamiento, las cárceles repletas y
los fusilamientos puntuales al amanecer; junto a una escalada de la retórica
monolítica y los cánticos guerreristas, disparados sin piedad a los aturdidos
oídos de los transeúntes desde altoparlantes instalados en cada cuadra sobre
los viejos y descascarados camiones militares rusos.
A los cubanos de Miami se les señala como
esencialmente criminales y anticubanos, al son de la Guantanamera entonada por
Castro y sus cajas de resonancia, por el apoyo decidido a eso que denominan
bloqueo yanqui. La primera falsedad evidente aquí es que se le llama bloqueo a
lo que no es otra cosa que embargo, embargo que en la mayor parte del tiempo se
cumple a medias y a regañadientes. Lo de bloqueo no es más que una
reminiscencia de la mentalidad militarista de Fidel Castro en el manejo del
lenguaje que suele confundir la limpieza de un campo de caña con una batalla y
el azote de un viento platanero con una invasión imperialista y que, como hemos
apuntado anteriormente, extrapola los marcos territoriales del totalitarismo
isleño e infecta en su manipulación el mundo mediático. Así, por poner un caso,
en el titular de un cable de la AFP del 27 de septiembre de 2005 se puede leer:
“Endurecimiento de bloqueo de Estados Unidos a Cuba golpea finanzas y viajes
familiares”. Aparte de llamar bloqueo a lo que no lo es, repite el lugar común
de confundir a Cuba con su verdugo y señala sutilmente como culpable de la
separación familiar cubana, no al verdugo entre cuyas prioridades estuvo siempre
dañar los lazos de sangre entre los isleños para más fácil poder someterlos,
sino al arma que procura combatirlo, y detrás de esa arma, por supuesto, la
Derecha Norteamericana y la Mafia Cubana de Miami.
Al embargo, y a los exiliados cubanos que
cabildean constantemente para mantenerlo, se le pretende culpar de la escasez
de alimentos y medicinas en la isla, cuando lo cierto es que Cuba no tiene
limitaciones para comerciar con el mundo entero, excepto con Estados Unidos, y
que alimentos y medicinas pueden ser comprados por los agentes del régimen en
México, Panamá y Canadá, por sólo mencionar países del entorno regional; países
donde, irónicamente, esas medicinas y alimentos pueden comprarse a más bajos
costos; de hecho las medicinas en dichas naciones se adquieren al menos a un 25
% más baratas que en Estados Unidos. En cuanto a los alimentos, ni siquiera
habría que ir a buscarlos a ningún otro lugar fuera de esa isla que posee los
suelos más feraces que imaginarse pueda; para probar lo anterior no hacen falta
estadísticas, baste saber que los niños campesinos solían jugar, en tiempos más
felices, a lanzar puñados de maíz al azar sobre la tierra sin cultivar para, al
cabo de unos días, ver asombrados y alborozados el milagro de la fertilidad
manifestado en matitas que se prendían sin más a la superficie de la tierra.
La verdad es que no habría que buscar los
alimentos básicos de la dieta nacional en ninguna parte, si sobre la isla no se
hubiese aplicado el más terrible de los bloqueos, ¡éste sí!, a la iniciativa y
propiedad privadas, a la libertad en suma, que hacen del socialismo no sólo el
sistema más ineficiente de la historia, sino el más eficiente en la
multiplicación de la miseria. Caben aquí al menos dos preguntas: ¿Cuál es el
embargo que prohíbe al cacao producido en las provincias orientales de la isla
pasar a las provincias occidentales? Aceptemos que el embargo norteamericano
pudiera dificultar el trasporte por la falta de combustible y piezas de
repuesto, etc; pero, ¿cuál es el embargo que prohíbe al cacao bajar a lomo de
mulo desde las montañas hasta esas mismas ciudades orientales ubicadas en sus
faldas? ¿Cuál es el embargo que impide a los niños occidentales y orientales
por igual comerse sus chocolatinas? ¿Cuál es el embargo que impide a los frutos
del mango pasar a lomo de bicicleta desde las frondosas arboledas en la
carretera de Rancho Luna hasta la ciudad de Cienfuegos, situada nada más que a
dos o tres kilómetros de distancia de donde los mangos se pudren en el suelo?
Por cierto, niños hambrientos de la otrora Perla del Sur que han intentado
romper el bloqueo castrista sobre los mangos han muerto asesinados a tiros por
efectivos de la policía del régimen; pregunten (¡vayan y pregunten!) a las
madres de esos niños acerca de la crueldad del embargo norteamericano.
Referente a la medicina, es bueno recordar que
pese al embargo es precisamente Estados Unidos el país que más medicinas dona a
Cuba y que en los últimos años, según datos de la Fundación para los Derechos
Humanos en Cuba, esas donaciones han alcanzado cifras superiores a los 472
millones de dólares. Medicinas que por otra parte no van a parar a los
hospitales del llamado pueblo trabajador, de eso nada, van a parar a los
hospitales para celebridades y dignatarios extranjeros donde se paga única y
exclusivamente en la moneda del enemigo, quiero decir en dólar, y a los
hospitales donde se atiende a la clase gobernante y se paga en lealtad y
sumisión perrunas. En esos hospitales no faltan medicamentos ni los más
modernos equipos. Esas medicinas también se venden por dólares en las llamadas
diplotiendas para extranjeros de a pie, no importa que sean de a pie, pero que
sean extranjeros y paguen con los verdes patriotas norteamericanos. ¿Y los
alimentos donados durante las famosas campañas de solidaridad con Cuba? Se les
puede adquirir en los hoteles para turistas, los únicos que hay, y en las
mencionadas diplotiendas, previo pago en divisas convertibles.
Según cifras de la citada Fundación para los
Derechos Humanos en Cuba, durante los últimos 20 años anteriores a la
espectacular desintegración de la Unión Soviética, el régimen cubano recibió de
su metrópoli eslava unos tres mil millones de dólares al año en subsidios. Ese
dinero, es de destacar, no fue usado para mejorar los niveles y condiciones de
vida del pueblo cubano, ni para emprender obras públicas significativas y
remodelar las ciudades del país, desvencijadas por la desidia y la ineptitud.
Nada de eso. El pueblo y las ciudades siguieron
en su declive hacia lo que algunos analistas nombran como la acelerada
“haitianización” del país. Ese dinero fue empleado en crear el octavo ejército
más grande del mundo; capaz de librar guerras en los más recónditos lugares del
planeta, nada menos que un ejército imperial (¡téngase en cuenta que estamos hablando
de una pequeña nación del tercer mundo, como gusta decir la propaganda misma
del régimen!). Ese dinero fue usado para la subversión de los gobiernos
latinoamericanos, para las mencionadas guerras en el África y para engrasar
convenientemente la maquinaria represiva del Ministerio del Interior con unos
92 mil agentes y otros miles más de informantes, conocidos popularmente como
chivatos, para el sostenimiento del Dr. Castro en el poder.
Hasta aquí se evidencia que
esos exiliados esencialmente criminales y anticubanos, lo que realmente logran
con su apoyo decidido al embargo es privar al régimen de unos recursos que
serían empleados, no para beneficio de la población, como los hechos
demuestran, sino para financiar sus aventuras militaristas internacionales y el
sofisticado aparato represivo dentro de Cuba. De hecho, a partir del momento en
que Castro ha comenzado a recibir los subsidios petroleros del ex golpista Hugo
Chávez hemos visto un renacer de la inestabilidad política y social en América
Latina, se rumora inclusive la posibilidad de revivir el imperio comunista del
Bloque Este en Latinoamérica con La Habana y Caracas como capital dual, y una
vuelta anunciada (casi como la Crónica de una muerte anunciada de su
íntimo Gabriel García Márquez) al férreo estatismo staliniano de las décadas
pasadas, esas en que recibía miles de millones de rublos por la tubería
soviética. Estatismo estaliniano que los ingenuos creían superado y que no era
otra cosa que retroceso táctico por la orfandad financiera en que deja a Castro
la caída del comunismo en Europa Oriental.
Y a los hechos me remito: en
noviembre de 2005 el semanario Tribuna de La Habana, órgano del Comité
Provincial del Partido Comunista, da a conocer con orgullo revolucionario el
parte de la heroica batalla entablada en contra de los mercados libres
campesinos[1],
esos que habían sido abiertos en los años 80, cerrados luego, y abiertos
nuevamente en los 90; batalla, según afirma el libelo, librada a base de
redadas policíacas en las que se decomisó a los llamados cuentapropistas, sólo
en la capital y en cuestión de horas, 1700 quintales de mercancías y 36
camiones de carga; redadas efectuadas al calor de patrióticas declaraciones de
Castro en contra del insolente dólar norteamericano, ese mismo que él había
legalizado e impuesto en la economía cubana para paliar el descalabro
financiero de la década pasada; por cierto que miles de jóvenes cubanos fueron
a parar a las cárceles por uso y tenencia ilegal de dólares, que muchos de esos
jóvenes continuaron en las cárceles aún después de que la moneda estadounidense
fuese legalizada y (¡horror!) si finalmente Castro vuelve a penalizar el uso y
tenencia de dólares, algunos de esos jóvenes continuarían todavía purgando sus
penas tras de que su delito hubiese desaparecido y vuelto a aparecer en el
panorama de la economía isleña, y al cabo de 12 años; jóvenes que habría que
recordar en el futuro democrático de Cuba como verdaderos luchadores (así les
nombra el pueblo), a favor del capitalismo y la libertad de comercio en la
isla.
¿Alguna moraleja? Sí, por supuesto, apriétese
decididamente el cuello de Castro y, acción reflejo, éste inmediatamente se
verá obligado a dar un alivio a su propia presión sobre el cuello de sus
víctimas, dentro o fuera de la isla; déjese respirar a Castro a sus anchas y
estrangulará a sus víctimas, dentro y fuera de la isla. De entrada, la tan
manoseada apertura de los cuentapropistas y un cierto dejar hacer de la
disidencia más moderada en la década del 90, así como una disminución
considerable de su laboreo subversivo en el continente, no fue otra cosa que
una consecuencia del descalabro económico por la desaparición de los subsidios
soviéticos y el mantenimiento, pese a todo, de las medidas restrictivas del
embargo.
Por tanto, parece que el mantenimiento del
embargo que procuran esos exiliados de Miami no sólo se encamina a dificultar
las violaciones de los derechos humanos en Cuba, sino a hacer del mundo un
lugar menos violento e inestable.
Respecto al embargo se han puesto de moda teorías
muy curiosas, a la derecha y a la izquierda del espectro ideológico. Una de
ellas apunta a que Castro en realidad no quiere que le levanten el embargo,
mientras otra va más lejos en la especulación y asegura que éste caería
irremediablemente en cuanto se lo levanten. Es como si siempre hubiese que
buscar un culpable por la permanencia de Castro sobre el caballo del poder, un
culpable que paradójicamente nunca sería el propio Castro y su aparato
represivo; sino una entidad, digamos, ante la cual Castro no sería tan malo, puesto
que es ella y no Castro la responsable de que éste se comporte como un
empedernido dictador.
Uno se queda atónito. ¿Serán
tontos o se hacen? Es lo que comúnmente uno esperaría oír de la izquierda y sus
intelectuales. Pero, ahora resulta que un conservador y anticastrista de la
talla del español José María Aznar asegura en su libro Retratos
y perfiles: De Fraga a Bush (Ed. Planeta, Madrid, 2006)
haberle dicho a Castro en una reunión en La Moncloa que si de él dependía
levantaba el embargo y acababa con su régimen en tres meses, que éste era uno
de sus grandes aliados. Aznar agrega en su libro que Castro le contestó que él
necesitaba el embargo para esta generación y la siguiente. Es decir que un
conspirador consuetudinario como Castro le confiesa sin más, no digamos ya a un
amigo entrañable, sino a un enemigo ideológico del calibre del ex presidente
del Gobierno Español, su más íntimo secreto para sostenerse en el poder y
mantener la tiranía. ¡Castro nada menos!
Pero Aznar no está solo, le acompañan los
granjeros de la extrema derecha del Oeste Medio norteamericano que ahora
cabildean desesperadamente (¡compromisos contraídos en La Habana entre mulatas
y daiquiris!), para que se levanten las restricciones del embargo al régimen
comunista con un lema de campaña que asegura que ellos serían los
democratizadores de la isla con sus intercambios comerciales (¿no pretendían lo
mismo los intercambios culturales de la izquierda?), y sus sombreros alones
recalentados al sol del mediodía que cae como plomo derretido sobre las
televisadas, CNN incluida, Ferias Agrícolas de La Habana; allí donde los
isleños hambreados se agolpan tras las cercas, siempre tras las cercas, para
ver si les lanzan una postica de pollo imperialista.
La lucha por el levantamiento del embargo
parecería unir en el mismo noble empeño a gente muy dispar, gente que
probablemente en ninguna otra cosa estaría de acuerdo, o que en cualquier otra
cosa andaría a la greña, como el mencionado ex jefe de Gobierno de España por
la derecha, José María Aznar, y el ex mandatario de esa nación por la
izquierda, Felipe González, por no hablar del patriarca franquista y ex
presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga Iribarne, o el mismísimo
Francisco Franco y Bahamonde (¡Caudillo de España por la Gracia de Dios!), que
en vida fuera probablemente el mejor aliado occidental de Fidel Castro para la
violación del embargo estadounidense, así como el ex gobernante de ese país por
el Partido Socialista, José Rodríguez Zapatero. ¿Alguien en su sano juicio se
atrevería a probar de ese coctel molotov del sinsentido, los intereses y la
ideología?
Parecería que Fidel Castro es un idiota redomado
empeñado en gastar millones de dólares para que le levanten el embargo y que,
al mismo tiempo, no quiere que se lo levanten porque se caería (¡supongo que de
la cama y de la risa!). Gastos que incluyen la compra en efectivo, y hasta por
adelantado, a los agricultores estadounidenses con vista a crear la absurda
idea de que su finca es un gran mercado que se estaría perdiendo Estados Unidos
por culpa de esos fanáticos aguafiestas de Miami que mantienen secuestrada la
política exterior norteamericana respecto al régimen de la isla; cabe apuntar
en este punto que si bien se nos había venido asegurando que los cubanos
exiliados eran unos lacayos del imperialismo que apoyaban sin escrúpulos las
medidas contra la isla, ahora resulta por el contrario que sería el
imperialismo el lacayo de los exiliados; puesto que son ellos los que mantienen
secuestrada la política exterior de ese imperio en relación con Cuba. Compras
que realizan los oficiosos agentillos del régimen en diferentes distritos
electorales para estratégicamente contar con un mayor número de representantes
que, presionados por sus votantes productores de granos, presionen a su vez al
gobierno estadounidense con el objetivo de que levante las restricciones
comerciales.
¡Cómo pretender que Castro
prefiera el embargo, cuando éste ha causado en los últimos 40 años unos 82 mil
millones de dólares en pérdidas a sus arcas! Al menos eso es lo que asegura el
último informe de la tiranía (septiembre de 2005), que se gasta el obvio y
lacrimoso título deNecesidad de poner fin al bloqueo económico,
comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba. Por
lo pronto, si lo que realmente quisiera es permanecer embargado,
¡reconozcamos!, el hombre debería ser un poquito menos enfático en lo que pide
no vaya a ser que, ¡ay!, se lo levanten.
No sé si se han fijado que lo primero que piden
todos esos intelectuales que simpatizan con la tiranía cubana en sus
declaraciones y cartas abiertas es el levantamiento del embargo, como también
es lo primero que piden en sus conclusiones todos esos costosos congresos y
encuentros que organiza el régimen con semanas pagadas en hoteles de Varadero
(el servicio incluye circuitos cerrados de televisión y micrófonos a cargo de
la policía política para grabar las probables escenitas comprometedoras entre
un intelectual de fuste y un nativo de fusta), como también es lo primero que
piden los escritores cubanos de la isla cuando se les permite viajar al
exterior o los escritores cubanos, dizque exiliados, residentes en el exterior
cuando se les permite viajar a la Feria del Libro de La Habana en la Cabaña
(esa fortaleza colonial donde el Che fusilaba a los infelices cubanos), al
Premio Casa de las Américas o a cualquier otro evento de relaciones públicas
organizado por el comisariado cultural del régimen.
La verdad es que no todos los que piden el
levantamiento del embargo son castristas, ni mucho menos, pero no deja de ser
verdad también que todos los castristas, sin fallar, piden el levantamiento del
embargo.
Porque, vayamos por partes, decir que Castro no
quiere que le levanten el embargo porque entonces se quedaría sin pretexto para
la represión y la ruina económica del país, además de no ser serio, es una
inapropiada subestimación del dictador caribeño, pues de otra manera nadie
pretendería que éste necesite una coartada moral para proceder en el desempeño
de su dictadura; y no la necesita porque (deberían saberlo a estas alturas)
Castro es dueño de una moral superior, esto quiere decir, más allá de toda
moral, la moral revolucionaria, esa que como ya sabemos es doble, triple,
cuádruple, infinita en sí y para sí; y en caso de necesitar coartadas morales,
él sabría perfectamente como inventarlas. Si no es el embargo sería el
recalentamiento global, la Enmienda Platt o la toma de La Habana por los
ingleses en 1762.
De hecho, cuando le levanten el embargo, si es
que alguna vez se lo levantan, lo primero que verían los azorados
norteamericanos es a los tribunales castristas, los mismos del paredón,
demandar a Estados Unidos por miles de millones de dólares como compensación,
justa y necesaria dirían, por concepto de las pérdidas producidas por el
embargo y, convenientemente, el régimen seguiría reprimiendo y mantendría al
país en ruinas porque después de medio siglo de cruel bloqueo, ¡cómo se les
ocurre a esos gringos y otras especies pensar que una pequeña nación como la
nuestra puede darse el lujo de la prosperidad, la propiedad privada, los
derechos humanos y otras zarandajas!
Uno de los argumentos que se esgrime como prueba
de que Castro no quiere que le levanten el embargo es que, aseguran rotundos,
cada vez que hay un intento de acercamiento él reacciona con una acción agresiva
para no verse en la embarazosa situación de que (¡huy qué miedo!) le levanten
las llevadas y traídas restricciones; y ponen como ejemplo más socorrido la
pulverización en el aire de los aviones de Hermanos al Rescate con sus cuatro
tripulantes, en un momento en que la administración Clinton parecía empeñada en
levantar el embargo y en normalizar las relaciones con el régimen.
Análisis errado. La verdad es muchísimo más
elemental, Castro reventó en el espacio a los dos pequeños aparatos de la
organización de exiliados porque, en primer lugar, este episodio criminal venía
como anillo al dedo para desviar la atención a los ojos de la opinión pública
internacional de los inéditos acontecimientos de fortalecimiento y cohesión de
la oposición política interna en torno a Concilio Cubano y, tras la cortina de
humo de los aviones que caían, descabezar a la dirigencia y a los más activos
dentro de Concilio mediante la cárcel o el destierro; y en segundo lugar,
cortaba de raíz una peligrosa alianza entre el exilio miamense y la disidencia
interna, alianza en la que Hermanos al Rescate parecía estar a la vanguardia en
ese momento, y de paso eliminaba las incómodas incursiones de dicho grupo que
ya había dejado llover sobre La Habana octavillas de solidaridad y apoyo con el
pueblo y la oposición de la isla; y en un lejano tercer lugar, quizá, el tema
del embargo; no es que Castro dé, como dicen, una salida violenta para que se
haga prácticamente imposible levantarle el embargo; sino que, en última
instancia, lo haría para no verse obligado (en el supuesto de que algo así
pudiera suceder con este espécimen) a hacer la más mínima concesión política
que conllevaría el toma y daca de los probables acuerdos porque, la verdad sea
dicha, ni siquiera alguien como Clinton, o ahora Obama, estaría dispuesto a
levantar el embargo a Castro si éste no hace la más leve apertura política,
aunque sea de índole puramente formal; y si ese es el precio, por pequeño que
sea, ahí sí Castro no quiere levantamiento del embargo ni nada que se le
parezca. Aquí tienen una explicación plausible: Castro quiere que le levanten
el embargo, pero sin tener que entregar absolutamente nada a cambio.
Hay que decir, no obstante, que el levantamiento
del embargo como tal no es la prioridad de Castro; su prioridad es el poder
acceder a los créditos y al turismo norteamericanos, es más, usando la lógica
de los que sostienen la idea de la conveniencia del embargo como pretexto, es
efectivamente muy probable que Castro prefiera el mantenimiento de un embargo nominal,
pretexto pintado a su medida, pero que en cambio le abriera las gruesas
tuberías de dólares por concepto del degradante turismo gringo y los onerosos
mecanismos crediticios.
Lo de turismo degradante lo puede pasar por alto
acorde con la dialéctica marxista, en fin de cuentas los turistas
estadounidenses, como los canadienses, los europeos o los mexicanos, no irían a
hablar de derechos humanos a la población; sino probablemente a acostarse con
esa población que (¡eso hay que reconocer como logro revolucionario!), posee
entre sus integrantes las prostitutas y los prostitutos más complacientes y de
menores tarifas en todo el hemisferio; y lo de los créditos (¡ah!), eso sería
verdaderamente su sueño de verano (¡qué subsidio soviético ni subsidio petrolero
chavista ni qué niño muerto!), pues los créditos le permitirían el acceso a
miles de millones de dólares (¡no rublos ni bolívares, esos papeluchos!), que
nunca pagaría y que, obviamente, terminaría pagando el contribuyente
norteamericano devenido ahora en sostenedor (¡éste sí!) de la tiranía cubana y
su megaproyecto internacional.
Ahora, la única manera de impedir ese acceso de
Castro al turismo y el crédito de los estadounidenses es el mantenimiento y
endurecimiento, todo lo más que se pueda, del tan atacado e incomprendido
embargo. Es cierto que el embargo no va a tumbar a Fidel Castro; pero, aparte
de que sí pudiera ser un factor desencadenante, lo más interesante e importante
del embargo no es precisamente la caída o no de Castro; lo más interesante e importante
es que cuando eso ocurra, como quiera que eso ocurra, el embargo esté ahí como
la más poderosa, y probablemente la única, fuerza de negociación al servicio de
Estados Unidos y de los demócratas cubanos en la isla y en el exilio; esa que,
a falta de una fuerza militar, o de la voluntad de usarla, sería capaz de
decirle a los nuevos detentadores del poder en Cuba que la única posibilidad
real que tienen de que le levanten las restricciones y de tener unas relaciones
normales con Estados Unidos es entrando obedientes por el aro de la democracia
y el libre mercado, y, evidentemente, levantarlas no de golpe, sino en la misma
medida en que las nuevas autoridades den muestras de seriedad y compromiso, por
conveniencia o convicción, con los derechos y libertades fundamentales del
individuo.
Reconozco que enseguida saldrán las monsergas
sobre la autodeterminación de los pueblos y la imposición de una democracia a
la americana; pero la verdad es que en referencia a lo primero, casi siempre de
lo que se habla es de la autodeterminación de los tiranuelos de turno para
someter a sus pueblos; en cuanto a lo segundo, si lo que se impone es
democracia, ¡bienvenida pues la imposición!; y respecto a lo tercero, cuál es
el inconveniente con la democracia a la americana porque (dejemos la
demagogia), si alguien conoce una democracia moderna que no sea a la americana
que venga y me la muestre, no importa dónde prospere, si es democracia siempre
tendría que ver con ese fenómeno raro de fines del Siglo XVIII que se nombró Revolución
Americana.
[1] Es
bueno subrayar que cada vez que el régimen ha permitido el funcionamiento de
los llamados mercados libres campesinos, las ciudades del país se han
abastecido de los más variados productos del agro, muchos de ellos
desaparecidos durante años, en una prueba más de la superioridad de la
iniciativa privada sobre el estatismo, y de que la isla no sufre otro embargo
que no sea el del régimen marxista implantado en el país a punta de bayoneta
por casi medio siglo.
viernes, febrero 01, 2013
viernes, enero 25, 2013
martes, enero 15, 2013
sábado, enero 12, 2013
lunes, diciembre 31, 2012
sábado, diciembre 15, 2012
jueves, diciembre 13, 2012
domingo, noviembre 25, 2012
RESTAURANT EL POLINESIO Y SU STAFF
Mi padrino culinario Alfonso Chiong sentado al extremo derecho.Haga click sobre la imagen para verla mejor.
miércoles, noviembre 21, 2012
jueves, noviembre 15, 2012
viernes, noviembre 09, 2012
AL QUE NO QUIERE CALDO, TRES TAZAS
La decadencia de Estados Unidos
Enrique de Diego Villagrán
(Segovia, 1956) es un periodista y
ensayista español, licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad
Complutense de Madrid..
La victoria electoral de Barack Husein Obama
es una pésima noticia en medio de una crisis que amenaza con llevarse por
delante la civilización occidental. Obama es un personaje, simplemente,
nefasto. Con su reelección se certifica la decadencia de Estados Unidos.
Multiraletarismo no es más que un palabro que difumina la pérdida de liderazgo
por parte de USA. Pero Obama no es la causa de los profundos males de
Norteamérica, sino su efecto.
Obama ha sido reelegido con todos
los parámetros de su gestión en términos de fracaso y en muchos aspectos de
desastre. En una nación en la que el pleno empleo ha sido la costumbre, el paro
se sitúa por encima del 8% y ha aparecido el desempleo de larga duración, que
allí se mide desde los seis meses, que era algo por completo desconocido. Su
política internacional se ha caracterizado por el apoyo estúpido y suicida al
integrismo islámico y el fruto cosechado ha sido el asesinato del embajador en
Libia, que ha quedado impune. La primera gran operación del Cuerpo de Marines
fue una exitosa expedición de castigo a Trípoli contra la piratería berberisca
que había secuestrado a ciudadanos norteamericanos. El asesinato del embajador
fue perpetrado por los mismos que él y su comandante en jefe habían apoyado.
Por tanto, y esta es la primera
conclusión, la democracia que se establecía como sistema de corrección de
errores y castigo al mal gestor ha dejado de funcionar. Obama es
manifiestamente un mal gestor y su intención de llevar a Estados Unidos hacia
el modelo europeo, de corte estatista y socialdemócracia, está causando daños
intensos en la sociedad, mediante el paro y la deuda, sin que ello haya sido
castigado por los electores. El castigo era el instinto democrático, al margen
de las virtudes o defectos de Romney.
Pero las causas de esta decadencia
de Estados Unidos –“la mayor potencia a favor de la libertad surgida en la
historia de la Humanidad”, según la afirmación de Margaret Thatcher- son más
profundas. Se ha roto el consenso básico que conformó a los Estados Unidos en
el sentido thatcheriano como una nación basada en la libertad de la persona
frente al poder coercitivo del Estado y la burocracia. Puede decirse que el
Estados Unidos de Obama es una nación nueva que poco tiene que ver con la de
Abraham Lincoln o Jefferson y sólo la mayoría de los republicanos en la Cámara
de los Representantes hace funcionar el equilibrio de poderes y la existencia
de un contrapoder.
Ni me gusta Obama, ni lo que
representa. Obama representa un Estados Unidos multicultural en el que, a tenor
de lo expuesto por todos los comentaristas, se vota a través de grupos étnicos,
de comunidades yuxtapuestas, de modo que los negros, los hispanos y las mujeres
–nada ha hecho más daño a la civilización occidental que la corrupción de la mujer
a través del feminismo- son los que han dado la victoria a Obama. Una
coalición, pues, de minorías, definidos de manera étnica. La minoría
anglosajona protestante ha dejado de liderar a la nación. Estados Unidos se
había presentado históricamente como la tierra de promisión en la que recalaban
los emigrantes, los desheredados del viejo mundo para recalar en el nuevo y
abrirse paso mediante su esfuerzo personal. Era un crisol basado en principios.
Lo refleja con extraordinaria pasión la película “América” de Elia Kazan. Era
un crisol en el que se fundían personas de diversas procedencias que aceptaban
unos principios comunes.
El Estados Unidos de Obama es
multicultural. Se trata de establecer comunidades raciales y racistas. Esos
analistas que hablan de grupos étnicos reflejan una realidad con algunas
categorías mentales que serían inteligibles para el estado mayor de las SS.
Esas comunidades, mediante una coalición de minorías, pretende no buscar y
dejar buscar a los demás la felicidad, sino obtenerla del dinero de los otros
mediante la depredación del Estado a través de subvenciones y privilegios,
depauperando a las clases medias. Es la ambientación generada por lo
políticamente correcto. La consecuencia es el empobrecimiento paulatino de la
sociedad que afecta especialmente a los votantes de Obama, los más perjudicados
por esa línea ineficiente. Ese es el esquema que está fracasando
estrepitosamente en Europa.
El grupo étnico que está
desnivelando la balanza es el los hispanos y su avance demográfico indica que
lo hará en creciente medida. La identificación de un criterio racial con una
posición política me repugna. Los emigrantes del pasado se integraban en el
consenso básico de Estados Unidos. Los hispanos lo están cambiando. Las
políticas migratorias invasivas y subvencionadas están teniendo un efecto
corrosivo. No debería ser así, pero es lo que está sucediendo. Como sus
precedentes, los hispanos podrían tener a reforzar los principios de los padres
fundadores, pero no está siendo así.
Obama es el personaje más nefasto
de la historia de los Estados Unidos. Por supuesto, no es ningún
revolucionario. Está manifiestamente al servicio de las élites financieras,
pues lo que está haciendo es trasvasar dinero del contribuyente a esas élites,
pero la retórica de la drogodependencia estatal y del resentimiento social cala
en esos grupos étnicos que son sus víctimas. El economista negro Thomas Sowell
ha explicado con brillantez como esas políticas destruyen a la familia negra y
restan movilidad social, generando ghettos. El ghetto ha sustituido al american
wa of life. La demolición de ese modelo se lleva predicando durante décadas en
las cátedras universitarias y en los medios de comunicación. Quiero alabar el
esfuerzo reactivo del Tea party.
Me cabe recordar el diagnóstico
tremendamente premonitorio de San Josemaría Escrivá de Balaguer escrito el 14
de febrero de 1974 en su texto –recomendando su lectura- “La tercera
campanada”: “Toda una civilización se tambalea impotente y sin recursos
morales”. Esa civilización cristiana, geográficamente occidental, se tambalea
con espasmos cada vez más fuertes en Europa y también en Estados Unidos, cuya
sociedad civil parecía más fuerte y, por ende, más inmune. En el momento
actual, tiene parte de mitología.
El panorama recuerda en demasía la
decadencia del Imperio romano, y USA, a pesar de su tendencia aislacionista, ha
tenido bastante de imperio y mucho de gendarme del mundo. Los bárbaros han
atravesado el limes y forman grupos “étnicos”, que imponen nuevos criterios,
muchos de ellos traídos de los lugares fracasados de los que aparentemente
venían huyendo. Estados Unidos que había desplegado los principios de la
civilización se ha vuelto tribal. Votan un conjunto de tribus en litigio, aún
ahormadas por el patriotismo, pero son tribus, al fin y al cabo, y así se las
presenta, aunque se no utilice con precisión ese calificativo.
Es preciso desarrollar un
movimiento ilustrado –es lo que he pretendido y pretendo con mis libros y con
Regeneración- que cree en el ambiente necesario para la supervivencia de las
clases medias y de la civilización. Sin racionalidad, el medio ambiente está
lleno de emociones buenistas que pueden conducir a conflictos internos a medida
que avance la pobreza, porque ni la adoración al Estado (me remito al último
capítulo de mi libro “Carta a los jóvenes”) ni el multiculturalismo son capaces
de asegurar los actuales niveles de población, ni los estándares alcanzados,
sino que encaminan a las sociedades hacia la indigencia y el hambre. Y las
poblaciones respaldan, con el voto, su propio sacrificio en una pulsión
suicida.
martes, noviembre 06, 2012
viernes, noviembre 02, 2012
miércoles, octubre 31, 2012
viernes, octubre 26, 2012
martes, octubre 23, 2012
sábado, octubre 20, 2012
sábado, octubre 13, 2012
jueves, octubre 11, 2012
lunes, octubre 08, 2012
martes, octubre 02, 2012
viernes, septiembre 28, 2012
viernes, septiembre 07, 2012
lunes, agosto 13, 2012
jueves, agosto 02, 2012
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