martes, abril 10, 2007

LAS RAZONES DEL ODIO / Parte II

COMO ASESINABA EL CHE GUEVARA
Publicado en EL NUEVO HERALD d i g i t a l

Diciembre 28, 1997 por Pierre San Martin

Miami, Florida Eran los últimos días del año 1959; en aquella celda oscura y fría 16 presos dormían en el suelo y los otros 16 restantes estábamos parados para que ellos pudieran acostarse, pero nadie pensaba en esto, nuestro único pensamiento era que estábamos vivos y eso era lo importante; vivíamos hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo sin saber que depararía el siguiente.
Fue como una hora antes del cambio de turno cuando el crujiente sonido de la puerta de hierro se abrió, al mismo tiempo que lanzaban a una persona más al ya aglomerado calabozo. De momento, con la oscuridad, no pudimos percatarnos que apenas era un muchachito de 12 o 14 años a lo sumo, nuestro nuevo compañero de encierro.

¿Y tú que hiciste?, preguntamos casi al unísono.
Con la cara ensangrentada y amoratada nos miró fijamente, respondiendo:

"Por defender a mi padre para que no lo mataran, no pude evitarlo, lo asesinaron los muy hijos de perra."

Todos nos miramos como tal vez buscando la respuesta de consuelo para el muchacho, pero no la teníamos, eran demasiados nuestros propios problemas. Habían pasado dos o tres días que no se fusilaba y cada día teníamos más esperanzas que todo aquello acabara,
los fusilamientos son inmisericordes, te quitan la vida cuando más necesitas de ella para ti y para los tuyos, sin contar con tus protestas o anhelos de vida.
Nuestra alegría no duró mucho más, cuando la puerta se abrió, llamaron a 10, entre ellos al muchacho que había llegado último; nos habíamos equivocado, pues a los que llamaban nunca más los volvíamos a ver.
¿Cómo era posible quitarle la vida a un niño de esta forma; sería que estábamos equivocados y nos iban a soltar? Cerca del paredón donde se fusilaba, con las manos en la cintura, caminaba de un lado al otro el abominable Che Guevara.
Dió la orden de traer al muchacho primero, y lo mandó a arrodillarse delante del paredón. Todos gritamos que no hiciera ese crimen, y nos ofrecimos en su lugar.

El muchacho desobedeció la orden, con una valentía sin nombre le respondió al infame personaje: si me has de matar tendrás que hacerlo como se mata a los hombres, de pie, y no como a los cobardes, de rodillas.
Caminando por detrás del muchacho, le respondió el Che: "con que vos sos un pibe valiente"...
Desefundando su pistola le dió un tiro en la nuca que casi le cercenó el cuello. Todos gritamos: asesinos, cobardes, miserables, y tantas otras cosas más. Se volteó hacia las ventanas de donde salian los gritos y vació el peine de la pistola, no sé cuantos mató o hirió. De esta horrible pesadilla, de la cual nunca logramos despertar, pudimos darnos cuenta despues, en la clínica del estudiante del hospital Calixto García, a donde nos habian llevdo heridos. Por cuanto tiempo no lo sabríamos, pero una cosa sí estaba clara, nuestra única baraja era la de escapar, única esperanza de superviviencia

LAS RAZONES DEL ODIO / Parte I

El Mariel y la cortina de espinas
Publicado el martes 10 de abril del 2007
OSWALDO PAYA
Comienza el mes de abril de 1980 y varias personas entran violentamente en la embajada del Perú estrellando un autobús contra el portón. Los custodios cubanos disparan y uno de ellos muere en el cruce de esos disparos. El gobierno cubano anuncia que retira la guardia de protección a la sede diplomática. Entonces miles de cubanos comienzan a peregrinar desde todas partes del país rumbo a esta embajada y más de 10,000 entran en la instalación y los jardines, donde permanecen varios días en espera de salvoconductos para salir de Cuba. Unas dos semanas después comienza el puente del Mariel, puerto por donde salieron unos 125,0000 cubanos hacia la Florida.
Más que una crónica se impone una reflexión sobre los horrores de esas jornadas, sobre los que hubo antes y los que continúan. El fin no justifica los medios y nadie tiene derecho a dañar a otros en su afán de salir del país. Al mismo tiempo preguntamos: ¿por qué el gobierno cubano ha perseguido y castigado a los que deciden irse?
Cuando los cubanos se iban en los años sesenta y setenta, nos parecía que era para toda la vida y en cierta medida fue y es verdad. Fueron desterrados. Las despedidas fueron y son desgarradoras, casi siempre envueltas en la crueldad del Departamento de Inmigración, cuyos funcionarios muchas veces no escatiman en desprecio, humillación y desinformación con tal de causar el mayor daño y dolor posible a los que se iban y aún hoy a muchos de los que se van.
La lista de sufrimientos por las humillaciones, las ofensas, las exclusiones, las burlas, la pobreza a que eran sometidos es muy larga y debe hacerse con los testimonios de miles y miles de cubanos, a los que hasta en el mismo momento del despegue del avión, se les mantuvo la sangre congelada por el pavor que causa la posibilidad de ser bajado de la nave y lanzados nuevamente al abismo de la condena maldita, que se tornó especialmente despiadada para los que dijeron: ``Nos vamos''.
Sólo recordaré cómo las autoridades retenían el permiso de salida de una familia durante meses o años, esperando a que uno de sus hijos varones cumpliera los 15 años, edad en que no podría abandonar el país por la ley del servicio militar obligatorio, para entonces otorgarles el permiso de salida en ese momento. Así muchas familias tenían que escoger entre salvar a unos hijos dejando a otros o quedarse todos. La vida se congela para las familias que solicitan un permiso de salida que en una época duraba años o nunca se otorgaba.
Muchos fueron expulsados de sus empleos, enviados a trabajos forzados durante años en espera de ese permiso de salida, hombres y mujeres, fichados por la Seguridad del Estado, perseguidos y catalogados como apátridas y gusanos. Las autoridades hacían y hacen un inventario de todo lo que posee la familia que pretende irse del país, incluyendo las joyas personales, sobrecamas, muebles, artículos electrodomésticos, automóvil, herramientas, lámparas y la casa. El permiso de salida incluía la confiscación de esos bienes y muchas familias guardaban todos los objetos que podían para evitar su rotura y deterioro y vivían en la mayor precariedad, inseguridad y angustia durante años, sin usar sus ahorros bancarios pues también serían y son confiscados íntegramente.
No era un limbo sino un infierno. Todavía se confiscan los bienes de los que deciden salir y son castigados con el rótulo de ''salida definitiva''. Eso es destierro.
Recordemos que en Cuba viajar no es un derecho ciudadano. El solo hecho de que los cubanos tengan que pedir permiso y esperar sin derecho propio ni posibilidad de reclamación alguna para entrar y salir de su propio país es una de las más crueles violaciones de los derechos y sentimientos de las personas. Pero esto es también una expresión, un componente de una realidad esclavizante: la posesión de la persona por el poder político.
Esta posesión de la persona en el contexto del totalitarismo está presente en cada aspecto de la vida. Esa propiedad es siempre malhabida y mal tenida porque las personas no tienen vocación de ser propiedad de nadie` Dios las creó en la condición de hijos y, por lo tanto, con el don inalianable de la libertad.
Tener, viajar, comerciar, hablar, desarrollar cualquier actividad que implique libertad puede entrar en contradicción con esa condición de poseído y con el poder poseedor. Es por eso que hay tantos controles, regulaciones, restricciones o negaciones de lo que todos conocemos como derechos humanos y de cuanto un ser humano pueda hacer libre y sanamente. Al régimen siempre le molesta y preocupa que el esclavo haga algo fuera de su control o autoridad. Imagínense ustedes cuando ese ser humano dice: ¡Me voy, ya no seré más tu propiedad!
El tratamiento aplicado a quien dijo ''me voy'' y a su familia lleva la misma descarga de odio y crueldad que daban los esclavistas a los cimarrones. Mucho queda por decir sobre este ``tratamiento de castigo en el predestierro''.
Pensemos entonces en la conmoción del régimen totalitario cuando cientos de miles, quizás varios millones de cubanos dijeron al unísono: ''Nos vamos'' por el puente del Mariel.
Pero antes de llegar al puente del Mariel tendrían que atravesar la Cortina de Espinas, una cortina que se había tejido durante las dos décadas anteriores y que aún existe. Nuestra esperanza no está solamente en que desaparezca esa cortina de espinas, sino en que los cubanos tendrán en su propio país la libertad y las oportunidades que ahora salen a buscar en otras tierras.
Coordinador del Movimiento
Cristiano Liberación

martes, marzo 20, 2007

RESUMEN DE NOTICIAS

Como siempre sucede lo bueno dura poco, y YouTube se convirtió en YoTuve unos videos clics muy buenos pero ya no'tan, por eso me inclino a creer que la piratería es una especie de venganza contra los que siempre cobran mas de lo que valen las cosas. El clima esta rancio y huele raro, el viejo chocho reaparece entre los que se aferran en verlo cada vez mejor a pesar de que como la puerca de Valladares va barranco abajo sin freno, que si vuelve o se va, y ¿De qué nos sirve ?, si al final el show lo vamos a ver desde la acera de enfrente pero sin balcones, al final las jineteras serán legalizadas, el latrocinio será el himno nacional y la corrupción llegará como aporte a la próxima constitución, el narcotráfico será el deporte nacional y el secuestro express estará en el hit parade por algunos años, al final el país será más parecido a Haití con cierto aire a Tailandia sin palitos chinos ni lemon grass, algunos ingenuos regresarán ilusionados, y se irán tan pronto cuando descubran que La Habana no existe más, que al igual que nuestros queridos viejitos, los recuerdos y las esperanzas se acaban, lo que se va no regresa; estarán eso sí, las animas y los espectros arrastrando los lamentos de lo que fue y solo será rescatable ver la caída del sol en el Malecón, por eso quizás, valdrá la pena intentarlo todo de nuevo.

miércoles, marzo 14, 2007

JOSE MARTI Y LOS VIAJES A CUBA / 1887


…¡Nos trajo aquí la guerra, y aquí nos mantiene el aborrecimiento a la
tiranía, tan arraigado en nosotros, tan esencial a nuestra naturaleza,
que no podríamos arrancárnoslo sino con la carne viva!

¿A qué hemos de ir allá, cuando no es posible vivir con decoro, ni
parece aún llegada la hora de volver a morir?... ¿A qué iríamos a
Cuba? ¿A oír chasquear el látigo en espaldas de hombre, en espaldas
cubanas, y no volar, aunque no haya más armas que ramas de árboles,
a clavar en un tronco, para ejemplo, la mano que nos castiga?

¿Ver el consorcio repugnante de los hijos de Los héroes, de los héroes
mismos, empequeñecidos en la pereza, y los vicios importados que
ostentan, ante los que debieran vivir de espalda a ellos, su
prosperidad inmunda?

¿Saludar, pedir, sonreír, dar nuestra mano, ver, a la caterva que
florece sobre nuestra angustia, como las mariposas negras y amarillas
que nacen del estiércol de los caminos? ¿Ver un burócrata insolente
que pasea su lujo, su carruaje, su dama, ante el pensador augusto que
va a pie a su lado, sin tener de seguro donde buscar en su propia
tierra el pan para su casa?

¿Ver en el bochorno a los ilustres, en el desamparo a los honrados, en
complicidades vergonzosa, al talento, en compañía impura a las
mujeres, sin los frutos de su suelo al campesino, que tiene que ceder
al soldado que mañana lo ha de perseguir, hasta el cultivo de sus
propias cañas?

¿Ver a un pueblo entero, a nuestro pueblo, en quien el juicio llega
hoy a donde llegó ayer el valor, deshonrarse con la cobardía o el
disimulo? Puñal es poco para decir lo que eso duele. ¡Ir, a tanta
vergüenza! Otros pueden: ¡nosotros no podemos!

José Martí
10 de Octubre de 1887

domingo, marzo 11, 2007

LAS INVENCIBLES TROPAS ESPECIALES DE CUBA

SOY CUBANO por AGUSTIN TAMARGO


Sobre mi mesa de trabajo encontré una nota. No sé de dónde vino, ni quién la escribió, acaso fui yo mismo en días que he olvidado. Pero quiero transmitirla a mis lectores porque creo que recoge un sentimiento colectivo. La nota dice así:
Soy cubano. Para algunos tal vez no es mucho, pero a mí me basta y me sobra. Soy cubano. Podría ser venezolano, español o norteamericano. Pero sería un modo de ser artificial, de voto y pasaporte, hijo del papel y la tinta, que no cuadra a mi naturaleza. Soy cubano. Un cubano integral, de las buenas y de las malas. Soy cubano. Tengo un himno y una bandera. Y tengo, sobre todo, una historia, llena de nombres, hechos y lugares gloriosos en la que bebo, como en una fuente, cada vez que me acosa el desaliento. ¿Podría cambiar por algún hecho histórico extranjero a Las Guásimas, Palo Seco y Peralejo? ¿Podría negociar por algo el 10 de Octubre, el 24 de Febrero, Baraguá, Playa Girón o El Escambray? Soy cubano. Cubano de café negro, de tabaco y de casabe, de son y de ron, de baile en La Tropical y de guateque guajiro. Soy cubano de hablar a gritos, de jugar a la pelota, de piropear a las mujeres. Y de bajar como un río de fuego por la escalinata de la universidad.
No soy un hombre, si se mira bien, soy una pasión que camina, y cuando enfrento la realidad última de mi vida, que es la de que no tengo patria, me vuelvo una verdadera furia. Por eso los extranjeros no me entienden. ¿Cómo van a entender que quien lo tiene todo siga pidiendo más? Y es que esos extranjeros no saben que ese todo, adquirido en tierra prestada y bajo sol ajeno, no puede curar una enfermedad fatal que se llama nostalgia de la tierra natal. Dicen que lo bello, cuando se pierde, se vuelve más bello todavía. ¿Y qué era Cuba desde que la bautizó Colón sino la tierra más hermosa que ojos humanos vieron?
Así, dentro del alma, carga el cubano a Cuba por todas partes como un escapulario para defenderse de la soledad. Podría decir también como un escudo. Con la historia de Cuba al brazo va el cubano por el mundo defendiendo a su tierra bienamada frente al envidioso y el calumniador. Cuba es su niña. Cuba es su obsesión y su desvelo. Cuba es su madre, pero es también su hija. Cuba es su amante lejana inolvidable. Los libros que el cubano no leía en la isla los lee ahora aquí. La música que allá no escuchaba la escucha ahora aquí. Los cuadros que allá no miraba los mira ahora aquí. El cubano no vive en una casa ni en un apartamento, vive en un baúl de recuerdos. Cada vez que abre ese baúl y encuentra una fotografía marchita por el tiempo sufre una herida. Cada palabra criolla que no conocía o había olvidado y redescubre de pronto se le transforma en un instrumento defensor de su autenticidad. En el hipódromo de Hialeah hay una hermosa guardarraya de palmas. No son palmas canas, ni palmetos, sino palmas reales, ésas que en Cuba coronan las lomas y las riberas de ríos. Están allí, pero fueron traídas de allá. Se asegura que por las noches un hombre solitario camina bajo esas palmas hablando solo. No es invención de nadie. Ese hombre soy yo.
Soy cubano. No quiero, ni puedo, ni acepto ser ninguna otra cosa. Ser cubano es hoy una prueba amarga, un desafío. Allá en la isla un sujeto inicuo que una vez metió en ella a los rusos mete ahora a los traficantes y a los turistas extranjeros con la misma finalidad: pisotear al nativo. Aquí en el destierro, la prosperidad material por un lado y la indiferencia del extraño por otro, hacen del cubano un ser solitario e incomprendido. Nadie lo entiende, nadie respeta su afiebrada vigilia en espera del amanecer de la libertad. Todos le piden que se olvide, que se adapte, que haga como el resto de los refugiados del mundo, que inicie una nueva vida. ¿Se puede, realmente, iniciar una nueva vida? ¿Dónde afincará sus raíces esa nueva vida? ¿En el Cuatro de Julio americano? ¿En el Dos de Mayo español? ¿En el 14 de Julio francés? No, no.
La historia de un pueblo no puede ser una falsificación copiada. La historia de un pueblo es una continuidad, el plebiscito diario de que hablaba Renan. De Diego Velázquez a Fidel Castro la historia de Cuba ha sido un largo peregrinaje hacia la única felicidad posible: la que proporciona la libertad. Cuba mató su indio, masticó su negro y se tragó su español y de esa misteriosa ceremonia de sangres mezcladas, de infinitos tonos, sacó al cubano.
Hombre de islas, hijo del sol, ese cubano lo ha sido todo sobre su tierra ardiente. Matemático y jugador de gallos, ajedrecista y cantor de puntos guajiros, hacendado y político, rumbero y profesor. Fernando Ortiz es el cubano, Miguel Matamoros es el cubano, Gastón Baquero es el cubano, Alvarez Guedes es el cubano, José Canseco es el cubano, el chinomulato Wifredo Lam es el cubano. ¿Se puede olvidar un país así sólo porque el anfitrión ocasional sea generoso y la mesa esté bien servida? Yo sinceramente creo que no. Como decía Martí de los que iban a su tierra cuando aún el español la ofendía con su presencia: Otros pueden, yo no puedo''.
Hasta aquí la nota misteriosa que encontré en mi escritorio. Apareció allí como una página testamentaria, como una botella al mar. Vino Colón, vino Hernán Cortés, vino la desolación de la huida en masa. Pero la isla está allí, Cuba está allí. Esperando con los brazos abiertos por sus hijos dispersos. Hijos a los que simboliza dolorosamente ese cubano que habla solo por las noches bajo las palmas de Hialeah.

jueves, marzo 08, 2007

CUBA PRIMERO, CUBA DESPUES Y CUBA SIEMPRE

Se ha ido un cubano de los grandes, su verbo afilado y tierno, ya no lo escucharemos en vivo, su palabra y enseñanzas quedan en cada uno de nosotros los que le adoptamos como faro y guía de cubanía, nadie como él supo bañarnos de esa fe en el futuro de Cuba, en lo mejor de sus hijos, hoy que ya no esta de cuerpo presente, sabemos que no podrá llenarse el vacio que deja su partida, solo si sabemos retomar su antorcha y seguir a pesar de las adversidades y la indolencia hipócrita de muchos de los que deberían ser nuestros aliados, hoy al menos yo, sigo con la terca convicción de que no habrá conjura ni conspiraciones que impidan que nuestra Patria alcance su camino natural hacia la libertad y la salvación nacional, hoy los pocos que aún creemos en lo imposible, seguimos dispuesto a pagar cualquier precio, por llegar a la meta que siempre impulsó la fe de nuestro maestro Agustín Tamargo. No ha muerto un cubano más, hemos perdido un faro cuya luz nos guiará en lo adelante, nada compensa el dolor que se siente cuando un amigo se va, pero sabemos que contamos con el mejor orador que será el mejor aliado allí donde van las almas de los buenos. Gracias Agustín por enseñarnos a conocer y amar una Patria tan cercana y lejana a la vez, gracias por tus lecciones, gracias por tu gallardia y tu cubanía, hoy la Cuba eterna te acoge en su seno como uno de sus más preciados hijos. En su día recibiras el homenaje que te mereces en una Cuba como la pensaste siempre, nunca te olvidaremos y siempre repetiremos contigo:
¡ Cuba Primero, Cuba después y Cuba siempre !