sábado, junio 02, 2007
viernes, junio 01, 2007
martes, mayo 29, 2007
POSADA Y EL CHE: VIDAS PARALELAS
Posada Carriles y Che Guevara: vidas paralelas
CARLOS ALBERTO MONTANER
Posada Carriles y Ernesto Guevara nacieron en 1928 en ambientes parecidos. Ambos pertenecían a la clase media alta. Ambos se decantaron por las ciencias en sus años universitarios. Guevara estudió medicina y Posada química. Los dos compartían una naturaleza psicológica arriesgada y aventurera que les llevaría a jugarse la vida y a sacrificar el bienestar de sus familias por defender violentamente sus creencias.
Fidel Castro uniría a estos dos personajes en vidas paralelas. Tras el golpe militar de Batista (1952), Castro se convirtió en la figura más importante de la oposición armada cuando creó el Movimiento 26 de Julio para derrocar al dictador y alcanzar el poder. En esa organización figuraron el Che y Posada. El argentino, en la Sierra Maestra; el cubano, en la lucha clandestina.
Por aquellos años, ''el 26'' practicaba el terrorismo indiscriminado en sitios públicos. En noviembre de 1958 llevó a cabo el primer secuestro de un avión civil con fines políticos, abominable crimen que provocó numerosas víctimas cuando el aparato se estrelló en la bahía de Nipe. Fue tal la intensidad del terrorismo castrista que los habaneros viejos aún recuerdan ''la noche de las cien bombas'' y los salvajes estallidos de explosivos en salas de fiesta y hoteles, sin importar el daño que se infligía a los inocentes.
Esa era la lamentable atmósfera moral y política de Cuba en aquella época. Los métodos no importaban si los fines parecían justificables. En la Sierra Maestra el Che no vacilaba en volarle la cabeza a cualquier campesino remotamente sospechoso de colaborar con el ejército de Batista. Llegó a escribir una frase tremenda que resume la lógica implacable del revolucionario: ``El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales al ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal''.
Cuando Fidel Castro y otros pocos dirigentes torcieron el rumbo del gobierno y se decantaron hacia el comunismo y la alianza con Moscú, Cuba entró de lleno en la guerra fría. El país y el Movimiento 26 de Julio se partieron en dos. Posada Carriles se afilió al bando armado de quienes defendían a tiros la democracia, mientras el Che Guevara, también a tiros, defendía el comunismo. Posada creía (y luchaba por ello) que las sociedades más felices se parecían a Estados Unidos o a Canadá. El Che estaba seguro de que el modelo ideal era la dictadura de Mao.
El gobierno cubano buscó el apoyo del KGB. Posada y centenares de ex miembros del 26 de julio, veteranos de Bahía de Cochinos, se colocaron bajo la dirección de la CIA. Guevara se fue al Africa a tratar de crear nuevas tiranías comunistas en las antiguas colonias europeas. Posada y otros cubanos fueron a pelear contra ellos para evitarlo. En el lago Tangañika se enfrentaron cubanos contra cubanos. Esa vez ganaron los exiliados. Lo mismo sucedió luego en la Venezuela de los sesentas. Castro quiso acabar con la frágil democracia venezolana. Posada, por sugerencia de la CIA al gobierno de Caracas, fue a combatir las guerrillas comunistas alimentadas desde La Habana. Los comunistas perdieron esa guerra. Poco después, en Bolivia, el Che fue capturado y ejecutado. Había entrado al país con el nombre de Ramón Benítez.
La guerra fría cobró entonces un matiz más violento. Cuba se convirtió en el centro de adiestramiento de los peores terroristas del mundo. El venezolano Carlos Ilich Ramírez, el Chacal, luego admirado y protegido por Chávez, pasó por esos campos de entrenamiento y poco después secuestró aviones y organizó el asesinato de los deportistas israelíes en las olimpiadas de Munich (1972). En Venezuela, cuatro años más tarde, se tramó la voladura de un avión de la línea cubana. Fue un acto monstruoso que costó 73 vidas. Posada niega cualquier vinculación al hecho. Es acusado y sale absuelto, pero lo dejan detenido mientras el gobierno apela la sentencia. Dos venezolanos resultan condenados.
Posada escapa de la cárcel. Se hace llamar Ramón Medina. Se asocia de nuevo a la CIA para continuar su interminable batalla. Lo reclutan para que ayude a las guerrillas nicaragüenses que, con el respaldo de Washington, luchan contra la tiranía de Daniel Ortega. El presidente Reagan no quiere que Centroamérica se convierta en una zona de influencia cubana. Los comunistas son derrotados en la región. Posada vuelve la mirada a su patria de origen. Sus esfuerzos habían tenido éxito en todas partes menos en Cuba. Fue entonces --se dice y Posada lo niega-- cuando comenzó un plan para ejecutar a Castro en el extranjero y para interrumpir el flujo de turistas con bombas en los hoteles y las salas de fiesta, como había hecho ''el 26'' medio siglo antes. Irónicamente, es el gobierno norteamericano quien pone fin a su vida aventurera y lo confina a una especie de arresto domiciliario. Nadie se explica por qué los medios de comunicación en Occidente son menos severos con Guevara. Nadie lleva una camiseta con el rostro de Posada. Hay algo fundamentalmente hipócrita en todo esto. Un doble rasero.
CARLOS ALBERTO MONTANER
Posada Carriles y Ernesto Guevara nacieron en 1928 en ambientes parecidos. Ambos pertenecían a la clase media alta. Ambos se decantaron por las ciencias en sus años universitarios. Guevara estudió medicina y Posada química. Los dos compartían una naturaleza psicológica arriesgada y aventurera que les llevaría a jugarse la vida y a sacrificar el bienestar de sus familias por defender violentamente sus creencias.
Fidel Castro uniría a estos dos personajes en vidas paralelas. Tras el golpe militar de Batista (1952), Castro se convirtió en la figura más importante de la oposición armada cuando creó el Movimiento 26 de Julio para derrocar al dictador y alcanzar el poder. En esa organización figuraron el Che y Posada. El argentino, en la Sierra Maestra; el cubano, en la lucha clandestina.
Por aquellos años, ''el 26'' practicaba el terrorismo indiscriminado en sitios públicos. En noviembre de 1958 llevó a cabo el primer secuestro de un avión civil con fines políticos, abominable crimen que provocó numerosas víctimas cuando el aparato se estrelló en la bahía de Nipe. Fue tal la intensidad del terrorismo castrista que los habaneros viejos aún recuerdan ''la noche de las cien bombas'' y los salvajes estallidos de explosivos en salas de fiesta y hoteles, sin importar el daño que se infligía a los inocentes.
Esa era la lamentable atmósfera moral y política de Cuba en aquella época. Los métodos no importaban si los fines parecían justificables. En la Sierra Maestra el Che no vacilaba en volarle la cabeza a cualquier campesino remotamente sospechoso de colaborar con el ejército de Batista. Llegó a escribir una frase tremenda que resume la lógica implacable del revolucionario: ``El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales al ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal''.
Cuando Fidel Castro y otros pocos dirigentes torcieron el rumbo del gobierno y se decantaron hacia el comunismo y la alianza con Moscú, Cuba entró de lleno en la guerra fría. El país y el Movimiento 26 de Julio se partieron en dos. Posada Carriles se afilió al bando armado de quienes defendían a tiros la democracia, mientras el Che Guevara, también a tiros, defendía el comunismo. Posada creía (y luchaba por ello) que las sociedades más felices se parecían a Estados Unidos o a Canadá. El Che estaba seguro de que el modelo ideal era la dictadura de Mao.
El gobierno cubano buscó el apoyo del KGB. Posada y centenares de ex miembros del 26 de julio, veteranos de Bahía de Cochinos, se colocaron bajo la dirección de la CIA. Guevara se fue al Africa a tratar de crear nuevas tiranías comunistas en las antiguas colonias europeas. Posada y otros cubanos fueron a pelear contra ellos para evitarlo. En el lago Tangañika se enfrentaron cubanos contra cubanos. Esa vez ganaron los exiliados. Lo mismo sucedió luego en la Venezuela de los sesentas. Castro quiso acabar con la frágil democracia venezolana. Posada, por sugerencia de la CIA al gobierno de Caracas, fue a combatir las guerrillas comunistas alimentadas desde La Habana. Los comunistas perdieron esa guerra. Poco después, en Bolivia, el Che fue capturado y ejecutado. Había entrado al país con el nombre de Ramón Benítez.
La guerra fría cobró entonces un matiz más violento. Cuba se convirtió en el centro de adiestramiento de los peores terroristas del mundo. El venezolano Carlos Ilich Ramírez, el Chacal, luego admirado y protegido por Chávez, pasó por esos campos de entrenamiento y poco después secuestró aviones y organizó el asesinato de los deportistas israelíes en las olimpiadas de Munich (1972). En Venezuela, cuatro años más tarde, se tramó la voladura de un avión de la línea cubana. Fue un acto monstruoso que costó 73 vidas. Posada niega cualquier vinculación al hecho. Es acusado y sale absuelto, pero lo dejan detenido mientras el gobierno apela la sentencia. Dos venezolanos resultan condenados.
Posada escapa de la cárcel. Se hace llamar Ramón Medina. Se asocia de nuevo a la CIA para continuar su interminable batalla. Lo reclutan para que ayude a las guerrillas nicaragüenses que, con el respaldo de Washington, luchan contra la tiranía de Daniel Ortega. El presidente Reagan no quiere que Centroamérica se convierta en una zona de influencia cubana. Los comunistas son derrotados en la región. Posada vuelve la mirada a su patria de origen. Sus esfuerzos habían tenido éxito en todas partes menos en Cuba. Fue entonces --se dice y Posada lo niega-- cuando comenzó un plan para ejecutar a Castro en el extranjero y para interrumpir el flujo de turistas con bombas en los hoteles y las salas de fiesta, como había hecho ''el 26'' medio siglo antes. Irónicamente, es el gobierno norteamericano quien pone fin a su vida aventurera y lo confina a una especie de arresto domiciliario. Nadie se explica por qué los medios de comunicación en Occidente son menos severos con Guevara. Nadie lleva una camiseta con el rostro de Posada. Hay algo fundamentalmente hipócrita en todo esto. Un doble rasero.
viernes, mayo 25, 2007
jueves, mayo 10, 2007
lunes, mayo 07, 2007
jueves, mayo 03, 2007
CHISTE CANIBAL
En plena selva africana se estrella un avion de una linea alemana.
Van a ver el siniestro papá canibal y su hijito, encuentran solo una sobreviviente ,sexo femenino de 1.70 mts , rubia, ojos azules y con medidas 90-60-90.
Muy emocionado el canibalito pregunta:
- Papá ¿Nos la comemos aquí o la llevamos para la casa?
y el papá canibal contesta:
- No hijo, nos la llevaremos para la casa y nos vamos a comer a tu mamá
Van a ver el siniestro papá canibal y su hijito, encuentran solo una sobreviviente ,sexo femenino de 1.70 mts , rubia, ojos azules y con medidas 90-60-90.
Muy emocionado el canibalito pregunta:
- Papá ¿Nos la comemos aquí o la llevamos para la casa?
y el papá canibal contesta:
- No hijo, nos la llevaremos para la casa y nos vamos a comer a tu mamá
martes, mayo 01, 2007
lunes, abril 23, 2007
viernes, abril 20, 2007
martes, abril 17, 2007
sábado, abril 14, 2007
viernes, abril 13, 2007
martes, abril 10, 2007
ENTREVISTA A MIKE PORCEL
Mike Porcel es uno de los músicos cubanos más virtuosos de la etapa marcada por la revolución de Fidel Castro. Compositor original, arreglista, hombre de teatro, creador audaz e inclinado a experimentar, hizo historia entre sus contemporáneos durante un período fértil y polémico que terminó oficialmente cuando el artista decidió abandonar el país, en 1980.
Desde entonces, su exitosa carrera cayó al vacío y Porcel pasó a engrosar la lista de los ninguneados, condenado al ostracismo durante los nueve años en que se le impidió cumplir su voluntad de emigrar.
Para muchos cubanos, Porcel es un nombre indispensable en la memoria musical de una época. Integró el grupo Dada, fue fundador y director musical de Síntesis, recorrió la Isla con espectáculos de música y poesía y compuso la canción En busca de una nueva flor, escogida como tema del XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, que se realizó en la Isla en 1978. La obra y trascendencia del autor de Diario y Ay del amor resultan prácticamente desconocidas para las nuevas generaciones, aunque algunas de sus canciones todavía se cantan en la Isla.
Ajeno a las escaramuzas publicitarias que dominan el mundo del espectáculo, Porcel ha transitado con absoluta discreción su exilio en España y Estados Unidos, a pesar de que su trabajo musical ha continuado siendo tan incesante como en los años previos. Ahora, radicado en Miami, sacará por fin su primer disco personal.
Usted empezó con el grupo Dada en 1968, ¿cómo fue su experiencia con los otros integrantes?
Los conocí a través de mi profesora de guitarra, Leopoldina Núñez. Ellos acababan de salir del servicio militar, se hicieron profesionales ese año. Al poco tiempo, entró Pedro Luis Ferrer. Estaba también Alfredo Arias, un músico muy talentoso, que tenía unas ideas muy avanzadas para la época. Por ejemplo, lo más usual era usar la misma célula rítmica con el instrumento que venía, si era una tumbadora, una clave, pero él lo que hacía era procesar esa célula y utilizarla con otros instrumentos. Había una búsqueda y un deseo de innovar que chocó con intereses de otros del grupo, y yo me sumé a esas ideas. Después seguí mi camino por otros rumbos.
Durante varios años estuvo haciendo el espectáculo Que hablen los poetas, con Carlos Ruiz de la Tejera. ¿Cómo surgió la idea y cómo la recuerda a la luz del tiempo?
Conocí a Carlos Ruiz en Teatro Estudio. Ahí trabajé desde 1972 hasta 1975, como asesor musical; musicalicé obras de Gertrudis Gómez de Avellaneda y Beltort Brecht, entre otros, y tuve la experiencia del contacto con el teatro, con actores y directores que fueron muy importantes para mi carrera como Vicente Revuelta, Berta Martínez, José Antonio Rodríguez y el propio Carlos Ruiz de la Tejera.
Que hablen los poetas fue una experiencia bien interesante. Nos decían: 'Hay que ir a tocar allí', y podía ser una oficina, una fábrica, cualquier lugar donde no habían las menores condiciones para actuar, y nos surgió la idea de estructurar un espectáculo con guión. Le pusimos Que hablen los poetas porque estaba basado en la poesía universal, a veces se utilizaban los textos dichos y a veces musicalizados. Fue interesante porque se rompió un mito de que la gente a veces rechaza la poesía o rechaza el arte que no sea facilista.
Lo hicimos como cuatro o cinco años. Luego gané el concurso para la canción del Festival. Fue premiada, pero ellos (los funcionarios culturales) no estaban totalmente conformes con que esa fuera la canción que representara a Cuba, querían algo mucho más político y mucho más directo, y fue un año bien tenso y polémico para mí.
Durante esos años, ¿cómo era su relación con el movimiento de la Nueva Trova?
Fue conflictiva. Yo nunca me sentí parte del movimiento, para mí siempre fue un movimiento controlador y controlado por la juventud comunista. No fue más que una idea política para ponerle freno a las supuestas rebeldías de Silvio (Rodríguez) en aquella época. Sin duda, hubo un movimiento de la nueva canción no sólo en Cuba, sino a nivel mundial, que influenció a muchos compositores de la época. Pero todo el que tuviera una influencia como esa, la idea era llevarlo por los caminos que a ellos (los funcionarios culturales) les interesaban. Estéticamente nunca me sentí parte del movimiento, creo que a Pedro Luis Ferrer le pasaba lo mismo, y siempre lo decía.
Se utilizaba el nombre de Nueva Trova como una especie de continuidad con la trova tradicional, con Sindo Garay y Manuel Corona, pero eso se trajo por los pelos. Fueron distintas etapas, de alguna manera pudo haber puntos de contacto, pero no porque había una continuidad.
El hecho de pertenecer al movimiento te empezaba a marcar y venían aquellas famosas canciones de encargo, que nunca hice. Era una cosa bastante oficialista, funcionaba con plantilla, reuniones, y toda una escala bien delimitada de grupo dirigente y de lo que había que hacer y lo que no había que hacer, y lo que se suponía que se debía hacer o no.
Las reuniones casi siempre las citaba la UJC. Los más politizados eran gente como Vicente Feliú y Eduardo Ramos, quienes servían como una especie de puente entre la parte más artística y la parte más política (de los cantautores). Fui a muy pocas reuniones, pero recuerdo que eran para "bajar directivas". En aquella época había que creerse que la única música o canción que podía funcionar, o que servía en Cuba, era la que se hacía dentro del movimiento de la Nueva Trova; era la políticamente pura o aceptada.
El hecho de proyectarme cómo me proyecté —tenía canciones de amor, otras quizás más filosóficas, con otra problemática de la vida, pero nada directamente político, hablando sobre Nicaragua, o sobre Salvador Allende— me trajo la fama de no ser muy confiable políticamente. Me quedó eso como una especie de fantasma.
¿Cómo valora el movimiento que dice ser su continuidad, el de los llamados "novísimos"?
He oído cosas de Carlos Varela, incluso una vez que pasó por Miami lo conocí, y he oído algunas cosas sueltas de distinta gente nueva. Me parece que el movimiento perdió mucho más de espontaneidad. La nueva generación, aparentemente, empezó a hacer más críticas, pero a mí me parece que fue una especie de adaptación a las circunstancias, no creo que esa crítica sea real ni creo que el movimiento ganó calidad, tampoco creo que perdió.
Cambiaron las circunstancias externas y, del hombre con la guitarra, se pasó al hombre con el grupo de rock, que en aquella época (de los setenta) se consideraba una especie de herejía. Pienso que la continuidad que hay entre los novísimos y la Nueva Trova es que al final hay control político sobre ese tipo de canción, porque ¿hasta dónde se admite la crítica en Cuba realmente? Hasta donde a ellos (los gobernantes) les conviene.
¿Qué pasó con Síntesis? ¿Por qué se separó tan pronto del grupo?
A raíz de lo del Festival (de la Juventud y los Estudiantes), hubo una especie de apertura para los músicos, no hubo muchas barreras para hacer cosas que se salían del espíritu dogmático de la época, y entonces se crearon varios grupos, entre ellos Síntesis, Afrocuba y creo que Arte Vivo también, que estaban buscando a partir del rock pero de un rock más evolucionado, sinfónico, progresivo, menos pop rock.
Sólo estuve con Síntesis desde 1978 hasta 1979. Yo quería, y de hecho empezamos a hacerlo, explorar la experiencia que había incorporado a mi trabajo personal, con Carlos Ruiz y con el teatro, y creo que eso fue lo que produjo la división de criterios y la separación. Demandaba no sólo un trabajo musical, sino también de actuación, una búsqueda de la que hubiera podido surgir otra cosa, pero se quedó en experimento.
Lo que se hizo durante el Festival fue muy pálido. Estuvimos ensayando durante ese período con José Antonio Rodríguez, tratábamos de hacer un trabajo integral, donde el trabajo y la música de alguna manera se pudieran fundir. El grupo se fue sumando a la idea, pero hacía falta una dedicación. Después yo aprendí, con la experiencia, que no todos los músicos están dispuestos a pasar por ella. El músico es un ser bastante convencional, en cierto sentido; le cuesta trabajo romper esos esquemas de que él no va a tocar una guitarra o un violín de la manera que se toca. No todo el mundo se presta a esas búsquedas. Y éramos muy jóvenes también, tendríamos 25, 27 años. Hubo desavenencias, y yo me separé del grupo.
¿Cómo fue el proceso de su desencanto, en momentos en que estaba entre los músicos más populares de la juventud?
Yo hacía mucho que quería irme, pero hubo distintos períodos en Cuba en que las salidas estaban cerradas. Fue un proceso de frustración y de convencimiento de que, sin tener libertad, es imposible crear ni manifestarte. Cuando se creó el problema con Síntesis, a raíz del fin del Festival, el grupo decidió separarse. El Ministerio de Cultura no me apoyó, quizás la dirigencia política encontró una vía favorable de separarme. Eso fue como en 1979, y en ese año decidí muchas cosas, dejé de trabajar, estuve alejado de todo.
¿Cómo fueron su intento de salida por el Mariel y los nueve años que vinieron después?
Traté de salir el 19 de mayo de 1980. Mi familia en Estados Unidos me mandó a buscar y me llevaron al famoso (Círculo Social Obrero) Abreu Fontán, pero de ahí no me dejaron salir. Fui con mi esposa y mi hijo, que entonces tenía como seis años, estuvimos toda una noche ahí y por la mañana me llamaron y me dijeron que no me iba a ir nunca.
Lo primero que hicieron fue sacarme de todo el panorama cultural cubano, fui censurado en la radio y la televisión, me separaron del buró de contrataciones, fueron nueve años totalmente en el ostracismo. El único trabajo que encontré, como a los tres o cuatro años, fue en una iglesia, y luego me convertí en el organista de las iglesias de La Habana, organicé coros y festivales dentro de la Iglesia, y cantaba allí.
¿Recuerda algo estimulante de esa época?
Debe de haber algo… pienso que el hecho de pasar por esa experiencia siempre te enseña algo. Dentro de lo malo, fue renovadora. Realmente tengo muy malos recuerdos, una sensación de frustración de un trabajo no realizado, de siempre estar luchando un poco contra la corriente. Fue una época también de definiciones, donde conocí a los que de verdad eran mis amigos y a los que no. Fue, en un sentido, decepcionante, y en otro, esclarecedor.
De los músicos, siempre recordaré con agradecimiento y cariño a Pedro Luis Ferrer. A pesar de que se mantiene allí, desde el punto de vista de amigo y de colega, pasó por alto todo y siempre se mantuvo a mi lado, y eso nunca lo olvidaré.
De esos años recuerdo el asedio de la Seguridad (del Estado). Te citaban: 'Sabemos que estás tocando aquí en la iglesia y si sigues te vamos a llevar preso'. Creo que era una forma de intimidación. Al menos, en esos momentos, no les convenía a ellos crearse un problema dentro de la iglesia; pero quizás fue un poco de suerte para mí, porque cuando han querido pasar por encima de cosas, han pasado. Pero de alguna manera me mantuve ahí y ellos no pasaron más allá de la raya; no sé si fue un pulso entre los dos, si lo gané o si ellos se dejaron ganar.
En el año 1988, el Alto Comisionado de la ONU envió una delegación a Cuba por una serie de denuncias de violaciones de derechos humanos, y llevaban mi caso entre otros muchos miles. Pasando por alto amenazas y burlando la vigilancia, porque ellos (los miembros de la Seguridad) no querían que yo declarara, fui a declarar ante la delegación. Como a los dos meses de haberse ido ésta, me autorizaron a irme de Cuba.
¿Cómo le ha ido en el exilio? ¿Cómo es que no había grabado ningún disco?
Nunca he podido grabar prácticamente nada. Cuando llegué a España, en el año 1989, conocí a Elsa Baeza, una cantante cubana que lleva muchos años en España. Ella hizo un disco con canciones mías en 1990, que se llamó Mis momentos felices. Fue lo primero que grabé al salir de Cuba, después no he vuelto a grabar más nada.
Salí a España en un momento en que estaba el PSOE en el poder. Ahí me di cuenta cómo los progresistas europeos ya te consideran un poco enemigo de ellos. Pensé: 'Salí a un lugar ideal, tengo un trabajo hecho en español', y no fue un campo propicio para eso.
Cuando llegué a Estados Unidos, como siempre me ha interesado el trabajo de compositor para obras de teatro y cine, me dediqué a eso, a componer música original para teatro y para unos dibujos animados, y por esos caminos me he ido yendo. Prácticamente todo el tiempo que estuve en Miami trabajé para el Teatro Avante, para el Festival de Teatro Hispano, y tengo como 10 ó12 obras hechas allí.
Ahora decidí empezar a producir mis cosas y a grabarlas yo mismo, no esperar por ninguna casa de nada. Tenía un trabajo de varios años engavetado y lo acabo de terminar, estoy en el proceso de sacarlo. Es totalmente distinto a las cosas por las que la gente me recuerda. Es un trabajo que de alguna manera recoge todas mis experiencias musicales y todas las influencias musicales de mi carrera, pero es más bien música instrumental. Tiene momentos de canciones muy breves que sirven de enlaces entre los distintos movimientos musicales. Se llama Ecos.
¿Piensa en algún momento hacer un disco con las canciones que compuso en Cuba y con las que siguió haciendo después?
Yo siento que eso es como un fardo que está conmigo y que tengo un compromiso moral con eso, por muchas razones. Primero, porque creo que es un trabajo de calidad que es una lástima que se quede engavetado. Segundo, porque cuando lo miro con objetividad pienso que tiene total vigencia, ahora mismo es lo próximo que me interesa hacer.
¿Cómo compara su experiencia como músico en Cuba y en el exilio?
Aquí, quizás, no he tenido todas las posibilidades que hubiera querido, pero la experiencia de Cuba fue traumática. La de aquí es distinta, difícil. No se puede esperar que la gente crea que uno es el genio del siglo y esté esperando por lo que tú haces. Ubicarte y encontrar tu espacio lleva tiempo, y eso es parte de la experiencia.
Entrevista realizada por Ivette Leyva Martinez / Miami
Desde entonces, su exitosa carrera cayó al vacío y Porcel pasó a engrosar la lista de los ninguneados, condenado al ostracismo durante los nueve años en que se le impidió cumplir su voluntad de emigrar.
Para muchos cubanos, Porcel es un nombre indispensable en la memoria musical de una época. Integró el grupo Dada, fue fundador y director musical de Síntesis, recorrió la Isla con espectáculos de música y poesía y compuso la canción En busca de una nueva flor, escogida como tema del XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, que se realizó en la Isla en 1978. La obra y trascendencia del autor de Diario y Ay del amor resultan prácticamente desconocidas para las nuevas generaciones, aunque algunas de sus canciones todavía se cantan en la Isla.
Ajeno a las escaramuzas publicitarias que dominan el mundo del espectáculo, Porcel ha transitado con absoluta discreción su exilio en España y Estados Unidos, a pesar de que su trabajo musical ha continuado siendo tan incesante como en los años previos. Ahora, radicado en Miami, sacará por fin su primer disco personal.
Usted empezó con el grupo Dada en 1968, ¿cómo fue su experiencia con los otros integrantes?
Los conocí a través de mi profesora de guitarra, Leopoldina Núñez. Ellos acababan de salir del servicio militar, se hicieron profesionales ese año. Al poco tiempo, entró Pedro Luis Ferrer. Estaba también Alfredo Arias, un músico muy talentoso, que tenía unas ideas muy avanzadas para la época. Por ejemplo, lo más usual era usar la misma célula rítmica con el instrumento que venía, si era una tumbadora, una clave, pero él lo que hacía era procesar esa célula y utilizarla con otros instrumentos. Había una búsqueda y un deseo de innovar que chocó con intereses de otros del grupo, y yo me sumé a esas ideas. Después seguí mi camino por otros rumbos.
Durante varios años estuvo haciendo el espectáculo Que hablen los poetas, con Carlos Ruiz de la Tejera. ¿Cómo surgió la idea y cómo la recuerda a la luz del tiempo?
Conocí a Carlos Ruiz en Teatro Estudio. Ahí trabajé desde 1972 hasta 1975, como asesor musical; musicalicé obras de Gertrudis Gómez de Avellaneda y Beltort Brecht, entre otros, y tuve la experiencia del contacto con el teatro, con actores y directores que fueron muy importantes para mi carrera como Vicente Revuelta, Berta Martínez, José Antonio Rodríguez y el propio Carlos Ruiz de la Tejera.
Que hablen los poetas fue una experiencia bien interesante. Nos decían: 'Hay que ir a tocar allí', y podía ser una oficina, una fábrica, cualquier lugar donde no habían las menores condiciones para actuar, y nos surgió la idea de estructurar un espectáculo con guión. Le pusimos Que hablen los poetas porque estaba basado en la poesía universal, a veces se utilizaban los textos dichos y a veces musicalizados. Fue interesante porque se rompió un mito de que la gente a veces rechaza la poesía o rechaza el arte que no sea facilista.
Lo hicimos como cuatro o cinco años. Luego gané el concurso para la canción del Festival. Fue premiada, pero ellos (los funcionarios culturales) no estaban totalmente conformes con que esa fuera la canción que representara a Cuba, querían algo mucho más político y mucho más directo, y fue un año bien tenso y polémico para mí.
Durante esos años, ¿cómo era su relación con el movimiento de la Nueva Trova?
Fue conflictiva. Yo nunca me sentí parte del movimiento, para mí siempre fue un movimiento controlador y controlado por la juventud comunista. No fue más que una idea política para ponerle freno a las supuestas rebeldías de Silvio (Rodríguez) en aquella época. Sin duda, hubo un movimiento de la nueva canción no sólo en Cuba, sino a nivel mundial, que influenció a muchos compositores de la época. Pero todo el que tuviera una influencia como esa, la idea era llevarlo por los caminos que a ellos (los funcionarios culturales) les interesaban. Estéticamente nunca me sentí parte del movimiento, creo que a Pedro Luis Ferrer le pasaba lo mismo, y siempre lo decía.
Se utilizaba el nombre de Nueva Trova como una especie de continuidad con la trova tradicional, con Sindo Garay y Manuel Corona, pero eso se trajo por los pelos. Fueron distintas etapas, de alguna manera pudo haber puntos de contacto, pero no porque había una continuidad.
El hecho de pertenecer al movimiento te empezaba a marcar y venían aquellas famosas canciones de encargo, que nunca hice. Era una cosa bastante oficialista, funcionaba con plantilla, reuniones, y toda una escala bien delimitada de grupo dirigente y de lo que había que hacer y lo que no había que hacer, y lo que se suponía que se debía hacer o no.
Las reuniones casi siempre las citaba la UJC. Los más politizados eran gente como Vicente Feliú y Eduardo Ramos, quienes servían como una especie de puente entre la parte más artística y la parte más política (de los cantautores). Fui a muy pocas reuniones, pero recuerdo que eran para "bajar directivas". En aquella época había que creerse que la única música o canción que podía funcionar, o que servía en Cuba, era la que se hacía dentro del movimiento de la Nueva Trova; era la políticamente pura o aceptada.
El hecho de proyectarme cómo me proyecté —tenía canciones de amor, otras quizás más filosóficas, con otra problemática de la vida, pero nada directamente político, hablando sobre Nicaragua, o sobre Salvador Allende— me trajo la fama de no ser muy confiable políticamente. Me quedó eso como una especie de fantasma.
¿Cómo valora el movimiento que dice ser su continuidad, el de los llamados "novísimos"?
He oído cosas de Carlos Varela, incluso una vez que pasó por Miami lo conocí, y he oído algunas cosas sueltas de distinta gente nueva. Me parece que el movimiento perdió mucho más de espontaneidad. La nueva generación, aparentemente, empezó a hacer más críticas, pero a mí me parece que fue una especie de adaptación a las circunstancias, no creo que esa crítica sea real ni creo que el movimiento ganó calidad, tampoco creo que perdió.
Cambiaron las circunstancias externas y, del hombre con la guitarra, se pasó al hombre con el grupo de rock, que en aquella época (de los setenta) se consideraba una especie de herejía. Pienso que la continuidad que hay entre los novísimos y la Nueva Trova es que al final hay control político sobre ese tipo de canción, porque ¿hasta dónde se admite la crítica en Cuba realmente? Hasta donde a ellos (los gobernantes) les conviene.
¿Qué pasó con Síntesis? ¿Por qué se separó tan pronto del grupo?
A raíz de lo del Festival (de la Juventud y los Estudiantes), hubo una especie de apertura para los músicos, no hubo muchas barreras para hacer cosas que se salían del espíritu dogmático de la época, y entonces se crearon varios grupos, entre ellos Síntesis, Afrocuba y creo que Arte Vivo también, que estaban buscando a partir del rock pero de un rock más evolucionado, sinfónico, progresivo, menos pop rock.
Sólo estuve con Síntesis desde 1978 hasta 1979. Yo quería, y de hecho empezamos a hacerlo, explorar la experiencia que había incorporado a mi trabajo personal, con Carlos Ruiz y con el teatro, y creo que eso fue lo que produjo la división de criterios y la separación. Demandaba no sólo un trabajo musical, sino también de actuación, una búsqueda de la que hubiera podido surgir otra cosa, pero se quedó en experimento.
Lo que se hizo durante el Festival fue muy pálido. Estuvimos ensayando durante ese período con José Antonio Rodríguez, tratábamos de hacer un trabajo integral, donde el trabajo y la música de alguna manera se pudieran fundir. El grupo se fue sumando a la idea, pero hacía falta una dedicación. Después yo aprendí, con la experiencia, que no todos los músicos están dispuestos a pasar por ella. El músico es un ser bastante convencional, en cierto sentido; le cuesta trabajo romper esos esquemas de que él no va a tocar una guitarra o un violín de la manera que se toca. No todo el mundo se presta a esas búsquedas. Y éramos muy jóvenes también, tendríamos 25, 27 años. Hubo desavenencias, y yo me separé del grupo.
¿Cómo fue el proceso de su desencanto, en momentos en que estaba entre los músicos más populares de la juventud?
Yo hacía mucho que quería irme, pero hubo distintos períodos en Cuba en que las salidas estaban cerradas. Fue un proceso de frustración y de convencimiento de que, sin tener libertad, es imposible crear ni manifestarte. Cuando se creó el problema con Síntesis, a raíz del fin del Festival, el grupo decidió separarse. El Ministerio de Cultura no me apoyó, quizás la dirigencia política encontró una vía favorable de separarme. Eso fue como en 1979, y en ese año decidí muchas cosas, dejé de trabajar, estuve alejado de todo.
¿Cómo fueron su intento de salida por el Mariel y los nueve años que vinieron después?
Traté de salir el 19 de mayo de 1980. Mi familia en Estados Unidos me mandó a buscar y me llevaron al famoso (Círculo Social Obrero) Abreu Fontán, pero de ahí no me dejaron salir. Fui con mi esposa y mi hijo, que entonces tenía como seis años, estuvimos toda una noche ahí y por la mañana me llamaron y me dijeron que no me iba a ir nunca.
Lo primero que hicieron fue sacarme de todo el panorama cultural cubano, fui censurado en la radio y la televisión, me separaron del buró de contrataciones, fueron nueve años totalmente en el ostracismo. El único trabajo que encontré, como a los tres o cuatro años, fue en una iglesia, y luego me convertí en el organista de las iglesias de La Habana, organicé coros y festivales dentro de la Iglesia, y cantaba allí.
¿Recuerda algo estimulante de esa época?
Debe de haber algo… pienso que el hecho de pasar por esa experiencia siempre te enseña algo. Dentro de lo malo, fue renovadora. Realmente tengo muy malos recuerdos, una sensación de frustración de un trabajo no realizado, de siempre estar luchando un poco contra la corriente. Fue una época también de definiciones, donde conocí a los que de verdad eran mis amigos y a los que no. Fue, en un sentido, decepcionante, y en otro, esclarecedor.
De los músicos, siempre recordaré con agradecimiento y cariño a Pedro Luis Ferrer. A pesar de que se mantiene allí, desde el punto de vista de amigo y de colega, pasó por alto todo y siempre se mantuvo a mi lado, y eso nunca lo olvidaré.
De esos años recuerdo el asedio de la Seguridad (del Estado). Te citaban: 'Sabemos que estás tocando aquí en la iglesia y si sigues te vamos a llevar preso'. Creo que era una forma de intimidación. Al menos, en esos momentos, no les convenía a ellos crearse un problema dentro de la iglesia; pero quizás fue un poco de suerte para mí, porque cuando han querido pasar por encima de cosas, han pasado. Pero de alguna manera me mantuve ahí y ellos no pasaron más allá de la raya; no sé si fue un pulso entre los dos, si lo gané o si ellos se dejaron ganar.
En el año 1988, el Alto Comisionado de la ONU envió una delegación a Cuba por una serie de denuncias de violaciones de derechos humanos, y llevaban mi caso entre otros muchos miles. Pasando por alto amenazas y burlando la vigilancia, porque ellos (los miembros de la Seguridad) no querían que yo declarara, fui a declarar ante la delegación. Como a los dos meses de haberse ido ésta, me autorizaron a irme de Cuba.
¿Cómo le ha ido en el exilio? ¿Cómo es que no había grabado ningún disco?
Nunca he podido grabar prácticamente nada. Cuando llegué a España, en el año 1989, conocí a Elsa Baeza, una cantante cubana que lleva muchos años en España. Ella hizo un disco con canciones mías en 1990, que se llamó Mis momentos felices. Fue lo primero que grabé al salir de Cuba, después no he vuelto a grabar más nada.
Salí a España en un momento en que estaba el PSOE en el poder. Ahí me di cuenta cómo los progresistas europeos ya te consideran un poco enemigo de ellos. Pensé: 'Salí a un lugar ideal, tengo un trabajo hecho en español', y no fue un campo propicio para eso.
Cuando llegué a Estados Unidos, como siempre me ha interesado el trabajo de compositor para obras de teatro y cine, me dediqué a eso, a componer música original para teatro y para unos dibujos animados, y por esos caminos me he ido yendo. Prácticamente todo el tiempo que estuve en Miami trabajé para el Teatro Avante, para el Festival de Teatro Hispano, y tengo como 10 ó12 obras hechas allí.
Ahora decidí empezar a producir mis cosas y a grabarlas yo mismo, no esperar por ninguna casa de nada. Tenía un trabajo de varios años engavetado y lo acabo de terminar, estoy en el proceso de sacarlo. Es totalmente distinto a las cosas por las que la gente me recuerda. Es un trabajo que de alguna manera recoge todas mis experiencias musicales y todas las influencias musicales de mi carrera, pero es más bien música instrumental. Tiene momentos de canciones muy breves que sirven de enlaces entre los distintos movimientos musicales. Se llama Ecos.
¿Piensa en algún momento hacer un disco con las canciones que compuso en Cuba y con las que siguió haciendo después?
Yo siento que eso es como un fardo que está conmigo y que tengo un compromiso moral con eso, por muchas razones. Primero, porque creo que es un trabajo de calidad que es una lástima que se quede engavetado. Segundo, porque cuando lo miro con objetividad pienso que tiene total vigencia, ahora mismo es lo próximo que me interesa hacer.
¿Cómo compara su experiencia como músico en Cuba y en el exilio?
Aquí, quizás, no he tenido todas las posibilidades que hubiera querido, pero la experiencia de Cuba fue traumática. La de aquí es distinta, difícil. No se puede esperar que la gente crea que uno es el genio del siglo y esté esperando por lo que tú haces. Ubicarte y encontrar tu espacio lleva tiempo, y eso es parte de la experiencia.
Entrevista realizada por Ivette Leyva Martinez / Miami
CAMILO LOPEZ ENTREVISTA A PONG
Blogosfera: Alfredo Pong
Por Camilo López, desde Miami.
“De esa forma accedemos a la verdadera comunicación de masas. No hay consorcios, ni partidos ni compromisos ideológicos que puedan manipular los temas y puntos de vista. En última instancia es el propio autor quien se desnuda ante todos y nos aporta algo interesante o simplemente banal”.
Alfredo Pong, conocido caricaturista político cubano, quien llegó al mundo de la blogosfera de la mano de su hija teniendo ya un currículum soberbio, conversa con nosotros acerca del universo blog como medio de expresión individual. Inmediatamente su desconfianza acerca del manejo de la información por parte de grandes conglomerados es notable:
“No creo en las organizaciones tipo ONG (Green Peace incluido) y que en definitiva son panfletos ideológicos también. Para mí las instituciones no dejan de ser un modo oficialista de emitir e influir en las relaciones sociales y económicas de un grupo determinado”. Por ello “la comunicación debe ser amplia, libre y abierta. Y en eso, hasta hoy, los blogs son un magnífico instrumento”.
Cuando inquirimos acerca de su obra, de sus motivaciones y delirios, nos responde:
“En la obra de cada autor se reflejan sus puntos de vista”. Y ahonda: “Yo fui una víctima más del fascismo de izquierda que rige los destinos de mi país desde 1959; una pandilla con un Padrino que ha convertido en víctima – cómplice a cada ciudadano cubano”. Es por ello que “mi trabajo en la gráfica política refleja mi posición al respecto”.
El socialismo como estafa, sea de cualquier tendencia, es una tesis vital dentro de la percepción artística y humana que Pong desarrolla con su arte:
“No creo en el socialismo en ninguna de sus formas, porque al final son parientes de la misma familia y se apoyan veladamente pero jamás se lastiman lo suficiente como para eliminar su ideología”. Es la teoría del conservacionismo en su más pura esencia: “Se adaptan tal y como lo hacen las especies en peligro de extinción, para no desaparecer, y para ello se valen de la democracia y sus debilidades”.
Y conceptualizando su trabajo, concluye con un aclaratorio:
“No vivo de la caricatura. Mi vida profesional nada tiene que ver con ello”.
Alfredo Pong percibe que la blogosfera cubana del exilio se alimenta de límites difusos, como si fuera fiel reflejo de quienes vivimos fuera:
“La blogosfera cubana está en forma dispersa en la red. La realidad cubana es tan variada como cubanos hay. Cada cual la vive según sus experiencias e intereses. Los ex pioneros no pueden ver la realidad de los ex presos políticos, ni los ex funcionarios pueden entender la realidad de los ex ciudadanos de a pie”.
Y advierte acerca de su preocupación mayor:
“Existe un sólo enemigo, que vive de nuestras remesas, que es administrador de nuestros artistas, que es censor, curandero y Gran Hermano”. Por ello su profundo escepticismo acerca de quienes se escudan en la libertad de prensa para emitir opiniones favorables acerca del régimen cubano. “Desde La Habana se dirigen muchas instituciones de las cuales se llega a creer que emiten “opiniones libres” sobre nuestra realidad”. Y es allí donde su fe sobre los medios de opinión no controlados alcanza una real dimensión: “Por eso la diversidad en la blogosfera será siempre la mejor arma contra los designios ideológicos de ese ‘hombre nuevo’ que sigue al Che y le gusta Silvio con nostalgia, y Pablo, y los Van Van y los muñequitos rusos. En resumen, ése hombre nuevo que aún sueña con el socialismo”.
Tampoco, a consideración de Pong, hay que exagerar el papel que juega la blogosfera como medio representativo del exilio cubano:
“El primer exilio lo componen personas ya muy ancianas que se están muriendo sin volver a la tierra libre que soñaron algún día. Ellos hicieron el camino. No conocen ni entienden la Internet. No tienen voz en la red y son las primeras víctimas”.
Y luego de identificar a las principales tendencias participativas dentro del amplio mundo del exilio cubano, concluye:
“El futuro de nuestra blogosfera está en manos de los que son jóvenes y dominan el campo de la web y la era digital. Sus inquietudes no pasan por la empatía. Cada cual va a sus objetivos, y ello a su vez define el lenguaje y el modo de hacer”. Aunque también considera que: “Hay mucha confusión y mucha falta de reciclaje, es por eso que hay que conocer la verdadera historia del conflicto antes de emitir comentarios y criterios. Hay que investigar y aprender a escuchar las opiniones ajenas”.
Alfredo Pong, fiel representante de aquella estirpe de caricaturistas que molestaron a la cúpula desde un inicio, tiene las cosas claras, más allá de poses filosóficas o teorías existencialistas acerca del tema cubano:
“En mi caso personal sólo hay dos tendencias: o estás realmente contra la dictadura o a favor de ella. El resto es una eterna discusión dentro de la familia”.
Por Camilo López, desde Miami.
“De esa forma accedemos a la verdadera comunicación de masas. No hay consorcios, ni partidos ni compromisos ideológicos que puedan manipular los temas y puntos de vista. En última instancia es el propio autor quien se desnuda ante todos y nos aporta algo interesante o simplemente banal”.
Alfredo Pong, conocido caricaturista político cubano, quien llegó al mundo de la blogosfera de la mano de su hija teniendo ya un currículum soberbio, conversa con nosotros acerca del universo blog como medio de expresión individual. Inmediatamente su desconfianza acerca del manejo de la información por parte de grandes conglomerados es notable:
“No creo en las organizaciones tipo ONG (Green Peace incluido) y que en definitiva son panfletos ideológicos también. Para mí las instituciones no dejan de ser un modo oficialista de emitir e influir en las relaciones sociales y económicas de un grupo determinado”. Por ello “la comunicación debe ser amplia, libre y abierta. Y en eso, hasta hoy, los blogs son un magnífico instrumento”.
Cuando inquirimos acerca de su obra, de sus motivaciones y delirios, nos responde:
“En la obra de cada autor se reflejan sus puntos de vista”. Y ahonda: “Yo fui una víctima más del fascismo de izquierda que rige los destinos de mi país desde 1959; una pandilla con un Padrino que ha convertido en víctima – cómplice a cada ciudadano cubano”. Es por ello que “mi trabajo en la gráfica política refleja mi posición al respecto”.
El socialismo como estafa, sea de cualquier tendencia, es una tesis vital dentro de la percepción artística y humana que Pong desarrolla con su arte:
“No creo en el socialismo en ninguna de sus formas, porque al final son parientes de la misma familia y se apoyan veladamente pero jamás se lastiman lo suficiente como para eliminar su ideología”. Es la teoría del conservacionismo en su más pura esencia: “Se adaptan tal y como lo hacen las especies en peligro de extinción, para no desaparecer, y para ello se valen de la democracia y sus debilidades”.
Y conceptualizando su trabajo, concluye con un aclaratorio:
“No vivo de la caricatura. Mi vida profesional nada tiene que ver con ello”.
Alfredo Pong percibe que la blogosfera cubana del exilio se alimenta de límites difusos, como si fuera fiel reflejo de quienes vivimos fuera:
“La blogosfera cubana está en forma dispersa en la red. La realidad cubana es tan variada como cubanos hay. Cada cual la vive según sus experiencias e intereses. Los ex pioneros no pueden ver la realidad de los ex presos políticos, ni los ex funcionarios pueden entender la realidad de los ex ciudadanos de a pie”.
Y advierte acerca de su preocupación mayor:
“Existe un sólo enemigo, que vive de nuestras remesas, que es administrador de nuestros artistas, que es censor, curandero y Gran Hermano”. Por ello su profundo escepticismo acerca de quienes se escudan en la libertad de prensa para emitir opiniones favorables acerca del régimen cubano. “Desde La Habana se dirigen muchas instituciones de las cuales se llega a creer que emiten “opiniones libres” sobre nuestra realidad”. Y es allí donde su fe sobre los medios de opinión no controlados alcanza una real dimensión: “Por eso la diversidad en la blogosfera será siempre la mejor arma contra los designios ideológicos de ese ‘hombre nuevo’ que sigue al Che y le gusta Silvio con nostalgia, y Pablo, y los Van Van y los muñequitos rusos. En resumen, ése hombre nuevo que aún sueña con el socialismo”.
Tampoco, a consideración de Pong, hay que exagerar el papel que juega la blogosfera como medio representativo del exilio cubano:
“El primer exilio lo componen personas ya muy ancianas que se están muriendo sin volver a la tierra libre que soñaron algún día. Ellos hicieron el camino. No conocen ni entienden la Internet. No tienen voz en la red y son las primeras víctimas”.
Y luego de identificar a las principales tendencias participativas dentro del amplio mundo del exilio cubano, concluye:
“El futuro de nuestra blogosfera está en manos de los que son jóvenes y dominan el campo de la web y la era digital. Sus inquietudes no pasan por la empatía. Cada cual va a sus objetivos, y ello a su vez define el lenguaje y el modo de hacer”. Aunque también considera que: “Hay mucha confusión y mucha falta de reciclaje, es por eso que hay que conocer la verdadera historia del conflicto antes de emitir comentarios y criterios. Hay que investigar y aprender a escuchar las opiniones ajenas”.
Alfredo Pong, fiel representante de aquella estirpe de caricaturistas que molestaron a la cúpula desde un inicio, tiene las cosas claras, más allá de poses filosóficas o teorías existencialistas acerca del tema cubano:
“En mi caso personal sólo hay dos tendencias: o estás realmente contra la dictadura o a favor de ella. El resto es una eterna discusión dentro de la familia”.
LAS RAZONES DEL ODIO / Parte III
“¡Yo Estuve en la Rastra de la Muerte!”
Por el Brigadista Emilio Valdés Calderón
Parece que fue ayer, pero no: hace 40 años que invadimos a Cuba
con el propósito de liberar a la patria del comunismo.
Por tres días, del 17 al19 de abril, estuvimos peleando hasta que
se nos acabaron las balas. Ya dispersos por la Ciénaga de Zapata,
fuimos hecho prisioneros por las tropas castristas. Nos llevaron a
Girón, donde nosmaltrataron, escupiendonos,insultándonos,
amenazándonos con el paredón. El grupo nuestro fue llevado
a una casa donde habían muchos más prisioneros.
Tres de éllos fueron fusilados después. Uno fue Pérez Cruzata,
quien había estado antes con Efigenio Amejeiras, Jefe de la Policia.
En un cuarto habíamos 30 detenidos, y allí encontré a un primo mío,
quien estaba herido sin ser atendido. Al día siguiente, creo que era
el 24 de abril, nos sacaron de la habitación y afuera nos alinearon
frente a una enorme rastra. Alli estaba el Comandante Osmani
Cienfuegos (hermano de Camilo) dando órdenes.
Un individuo que después supe se llamaba Fernández Vila, del
Instituto Nacional de la ReformaAgraria (INRA) iba llamando a muchos,
incluyendo a heridos.
En esa lista caímos mi hermano Francisco, mi primo Humerto, y yo.
Cuando ya habían 110 brigadistas dentro de la rastra, los que eran
vejados por el Comandante Cienfuegos, Fernández Vila le advirtió
que nos íbamos a morir asfixiados. Cienfuegos comentó:
“No importa. De todas formas los vamos a fusilar.
Traigan 50 cochinos más”. Nuestro jefe, Ernedio Oliva, también estaba
en la rastra. Cienfuegos le preguntó que qué tenía que decir, a lo que
Oliva respondió con su nombre, rango, y número de serie.
Esto puso furioso a Cienfuegos, y ordenó que Oliva saliera del vehículo.
Esto posiblemente le salvó la vida. Estimo que ya habíamos
161 brigadistas en esas circunstancias. Más de 40 heridos fueron
tirados adentro. Cerrada la puerta lateral, la rastra fue puesta en marcha.
Tratamos desesperadamente de volcarla, lanzándonos contra los lados,
pero inutilmente. Las paredes interiores estaban cubiertas con
madera “playwood” y zinc.
Un paracaidista que sabía karate rompió algunas tablas.
Estábamos muy apiñados, y el aire comenzaba a faltarnos.
Fue horrible. La oscuridad era total. Se produjoun caos.
Muy difícil de describir aquellas escenas. En la parte de atrás de
la rastra logramos hacer algunas hendiduras utilizando los metales
de nuestros cinturones y un pedazo de hierro que apareció no se cómo.
El infierno de Dante me lució entonces un paseo por el Prado...
Logramos hacer unos cuatro huequitos de más o menos una pulgada
y media cada uno, y claro, éramos muchos para todos poder usarlos.
Esas ranuras fueron hechas como a unos tres pies del piso.
En la parte del frente se produjo una gran agitación, ya que allí no
había respiración alguna. Algunos de esos hombres, ya casi desmayados,
logramos cargarlos,pasarlos para atrás y ponerlos junto a los huecos.
Uno de éllos fue Arteaga, vecino mío en Cuba, quien prácticamente muerto,
pudimos revivirlo. Mi hermano, el viejo Guerra y su hijo estaban al lado
opuesto. Guerra nos arengó para que estuviésemos tranquilos,
diciéndonos que nos íbamos a salvar.
Pusimos nuestras camisas en las paredes para absober la humedad y
el frío de la noche, y pasándolas por nuestros cuerpos nos ayudaba a
mantenernos vivos y alertas, pues si uno caía al piso, no se levantaba más.
Ya habían algunos muertos.
Y he aquí lo que más me impresionó en aquel trágico viaje de ocho
horas...Jose Millán saltó del piso y me dio en la cara sin querer....
Me dijo que tenía esposa e hijas en Miami. Entonces me confesó que se
iba a morir en ese momento,que tenía a Jesucristo delante de él, que
nosotros seríamos salvados.
A los dos minutos cayó muerto. A mi lado.
Supimos que la rastra había llegado al Castillo del Príncipe, en La Habana,
y que después siguió para el Palacio de los Deportes,donde por primera
vezfue abierta la puerta lateral. Casi no podíamos levantarnos.
Mi hermano y el viejo Guerra me ayudaron a salir. Cuando miré hacia atrás,
vi a muchos cuerpos en el suelo. Después supimos que habían muerto nueve,
y otro que falleció poco después. Entre éllos, un joven campesino de 20 años
que no era brigadista, y así y todo lo metieron en la rastra.
Fue un espectáculo de horror.
La culpabilidad directa fue de Osmani Cienfuegos.
Muchos militares castristas en el Palacio de los Deportes hicieron gesto
de desaprobación acerca de aquella masacre e ignominia. Fue un
verdadero acto de cobardía, del que también fue responsable Fidel Castro por
respaldar a Cienfuegos.
Cuando se escriba completa la historia de Bahía de Cochinos,
se van a saber muchas cosas más.
Por el Brigadista Emilio Valdés Calderón
Parece que fue ayer, pero no: hace 40 años que invadimos a Cuba
con el propósito de liberar a la patria del comunismo.
Por tres días, del 17 al19 de abril, estuvimos peleando hasta que
se nos acabaron las balas. Ya dispersos por la Ciénaga de Zapata,
fuimos hecho prisioneros por las tropas castristas. Nos llevaron a
Girón, donde nosmaltrataron, escupiendonos,insultándonos,
amenazándonos con el paredón. El grupo nuestro fue llevado
a una casa donde habían muchos más prisioneros.
Tres de éllos fueron fusilados después. Uno fue Pérez Cruzata,
quien había estado antes con Efigenio Amejeiras, Jefe de la Policia.
En un cuarto habíamos 30 detenidos, y allí encontré a un primo mío,
quien estaba herido sin ser atendido. Al día siguiente, creo que era
el 24 de abril, nos sacaron de la habitación y afuera nos alinearon
frente a una enorme rastra. Alli estaba el Comandante Osmani
Cienfuegos (hermano de Camilo) dando órdenes.
Un individuo que después supe se llamaba Fernández Vila, del
Instituto Nacional de la ReformaAgraria (INRA) iba llamando a muchos,
incluyendo a heridos.
En esa lista caímos mi hermano Francisco, mi primo Humerto, y yo.
Cuando ya habían 110 brigadistas dentro de la rastra, los que eran
vejados por el Comandante Cienfuegos, Fernández Vila le advirtió
que nos íbamos a morir asfixiados. Cienfuegos comentó:
“No importa. De todas formas los vamos a fusilar.
Traigan 50 cochinos más”. Nuestro jefe, Ernedio Oliva, también estaba
en la rastra. Cienfuegos le preguntó que qué tenía que decir, a lo que
Oliva respondió con su nombre, rango, y número de serie.
Esto puso furioso a Cienfuegos, y ordenó que Oliva saliera del vehículo.
Esto posiblemente le salvó la vida. Estimo que ya habíamos
161 brigadistas en esas circunstancias. Más de 40 heridos fueron
tirados adentro. Cerrada la puerta lateral, la rastra fue puesta en marcha.
Tratamos desesperadamente de volcarla, lanzándonos contra los lados,
pero inutilmente. Las paredes interiores estaban cubiertas con
madera “playwood” y zinc.
Un paracaidista que sabía karate rompió algunas tablas.
Estábamos muy apiñados, y el aire comenzaba a faltarnos.
Fue horrible. La oscuridad era total. Se produjoun caos.
Muy difícil de describir aquellas escenas. En la parte de atrás de
la rastra logramos hacer algunas hendiduras utilizando los metales
de nuestros cinturones y un pedazo de hierro que apareció no se cómo.
El infierno de Dante me lució entonces un paseo por el Prado...
Logramos hacer unos cuatro huequitos de más o menos una pulgada
y media cada uno, y claro, éramos muchos para todos poder usarlos.
Esas ranuras fueron hechas como a unos tres pies del piso.
En la parte del frente se produjo una gran agitación, ya que allí no
había respiración alguna. Algunos de esos hombres, ya casi desmayados,
logramos cargarlos,pasarlos para atrás y ponerlos junto a los huecos.
Uno de éllos fue Arteaga, vecino mío en Cuba, quien prácticamente muerto,
pudimos revivirlo. Mi hermano, el viejo Guerra y su hijo estaban al lado
opuesto. Guerra nos arengó para que estuviésemos tranquilos,
diciéndonos que nos íbamos a salvar.
Pusimos nuestras camisas en las paredes para absober la humedad y
el frío de la noche, y pasándolas por nuestros cuerpos nos ayudaba a
mantenernos vivos y alertas, pues si uno caía al piso, no se levantaba más.
Ya habían algunos muertos.
Y he aquí lo que más me impresionó en aquel trágico viaje de ocho
horas...Jose Millán saltó del piso y me dio en la cara sin querer....
Me dijo que tenía esposa e hijas en Miami. Entonces me confesó que se
iba a morir en ese momento,que tenía a Jesucristo delante de él, que
nosotros seríamos salvados.
A los dos minutos cayó muerto. A mi lado.
Supimos que la rastra había llegado al Castillo del Príncipe, en La Habana,
y que después siguió para el Palacio de los Deportes,donde por primera
vezfue abierta la puerta lateral. Casi no podíamos levantarnos.
Mi hermano y el viejo Guerra me ayudaron a salir. Cuando miré hacia atrás,
vi a muchos cuerpos en el suelo. Después supimos que habían muerto nueve,
y otro que falleció poco después. Entre éllos, un joven campesino de 20 años
que no era brigadista, y así y todo lo metieron en la rastra.
Fue un espectáculo de horror.
La culpabilidad directa fue de Osmani Cienfuegos.
Muchos militares castristas en el Palacio de los Deportes hicieron gesto
de desaprobación acerca de aquella masacre e ignominia. Fue un
verdadero acto de cobardía, del que también fue responsable Fidel Castro por
respaldar a Cienfuegos.
Cuando se escriba completa la historia de Bahía de Cochinos,
se van a saber muchas cosas más.
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