sábado, noviembre 29, 2008

LA HUELLA DE LOS CHINOS EN CUBA / PARTE 1

El Tren de Lavado de los Chinos

Era dificíl encontrar al final de la década de los 50,un barrio en la ciudad de la Habana que no tuviera su Tren de Lavado de los chinos.

Las primeras luces del día los encontraba en plena faena, cuando aún era de noche a eso de las 5 de la mañana ya estaban en pie preparando su desayuno, muy diferente al clásico criollo, con su pan con mantequilla y café con leche bien endulzado, para empezar era lo más parecido a un almuerzo. Solía ser una sopa espesa de arroz glutinoso con algunas verduras y carnes, muy olorosa y nutritiva, luego un poco de pescado salado hecho al vapor, con su arroz blanco sin sal ni grasa, todo acompañado de un Té suave y perfumado de jazmín o negro, la habilidad con que manejan los palitos para comer es en sí todo un acto de destreza y estilo, la sopa la beben a sorbos bien sonoros, succionando directamente del bol, que sostienen habilmente con los dedos meñique e indice, de esta manera por muy caliente que esté el contenido, solo hacen contacto con el borde del tazón y el aro del fondo del mismo por lo que no se queman, los chinos nunca ponen los codos ni se apoyan en la mesa, es de muy mala educación hacerlo, asi como poner los palitos sobre el mantel, para ello los colocan sobre el bol juntos y apuntando hacia el centro de la mesa ( sin van a seguir comiendo ) y de forma transversal ( si ya terminaron ) asi quien sea responsable de retirar la mesa sabe la intención del comensal sin interrumpir su charla o su disfrute, no importa el status social esas normas son de conocimiento general y se aprenden en la más temprana infancia.

Generalmente los chinos empleados en las labores de lavandería eran de origen campesino y muy humildes, llegaban a Cuba traidos por un pariente o amigo, y muchas veces trabajan por la estancia y la comida hasta que a juicio del benefactor hubiesen pagado con creces el costo del viaje, a pesar de ello eran alegres, con mucho sentido del humor, tanto que no extendían comprobantes impresos a la usanza de la época, ellos en su lugar, escribían en pequeños papelitos sus ideográmas con los que asignaban a cada cliente un mote o una simple descripcion que hacia muy fácil la identificación, para ello escribian en tinta china con su pincel de punta fina, en el envés de la sabana o la ropa el mote designado, como por ejemplo: la flaca con dientes grandes, o la señora gorda de nariz chiquita, o el señor muy blanco de ojos azules, la mujer con voz de gallina ,etc..y el papel que le entregaban a uno decia lo mismo solo que nadie tenía los medios de traducir el mensaje.

Me divertía mucho escuchando sus anécdotas sobre clientes y las vicisitudes que pasaban con el idioma español, ellos siempre estaban bromeando a pesar del tremendo calor de las pailas de agua hirviendo que manejaban, ya que apenas usaban detergentes para el lavado, a pura fuerza de golpes, restregando fuerte y exprimiendo blanqueaban las sabanas, prendas de algodón y ropa de cama como nadie, y luego planchaban con carbón, toda la noche hasta las 9 que era cuando se acostaban, se aseaban y algunos aprovechaban para escribir a sus familiares en China, o aprender un poco el español, los domingos era el único día libre, y todos iban sin falta al barrio chino en Zanja, alli compraban los viveres chinos, visitaban los 3 cines del barrio, El Aguila de Oro, El Nuevo Continental o El Nuevo Pacifico, veían peliculas de Hong Kong de kung-fu del mejor maestro de todos los tiempos Bon-Fui-Jung, el predecesor de Bruce Lee, eran filmes baratos con poco argumento pero llenos de acción y destreza sin trucaje ni efectos especiales, era kung-fu limpio y original, yo disfrutaba como nadie de esas fantásticas peliculas comiendo semillas de melón o calabaza secas y tostadas, cuyas cáscaras se tiraban al suelo como costumbre, el idioma que se hablaba en el barrio chino era el cantonés, con un uso mayoritario del dialecto Jind-Peng, aunque habia otros dialectos pero eran minoritarios.

Los empleados de las lavanderías chinas, siempre estaban en camiseta, o camisas sin mangas ni cuello, pantalones anchos y cortos, y casi siempre usaban la clásica chancleta de palo, que era una suerte de base de madera con una banda de caucho negro a modo de soporte y que estaba clavada al borde con una tira metálica con clavos, el sonido que producían era muy peculiar y con el tiempo hasta se han montado coreografías con este rústico elemento de la cultura popular criolla.

Los patios de los Trenes de Lavado, eran todo un espectáculo, pues iban tendiendo las ropas y las sabanas por el orden de entrada, y poseían una habilidad tremenda para colocarlas en las perchas sobre cordeles a tremenda altura auxiliados por una varas larguísimas para luego irlas descolgando según se iban secando, todo un acto inolvidable, también usaban las azoteas para tender.
En el área de entrega, era imponente las pilas de paquetes perfectamente envueltos, en papel blanco con sus papelitos de identificación, unas sobre otras en columnas verticales que desafiaban la gravedad, “Papelito habla lengua” era la frase atribuida a los chinos cuando se hablaba de dejar los acuerdos y negocios perfectamente documentados. Desde luego si Ud. No entregaba el”papelito en chino” no había argumento que convenciera al paisano para que le entregara su paquete, solo los clientes habituales gozaban del privilegio de obviar este trámite.

A mi se me permitía estar porque ellos me utilizaban para que les enseñara palabras y sobre todo las malas palabras en español para poder distinguir cuando les insultaban y cuando no, yo a veces les decía palabras trocadas, y me reía cuando las usaban mal, de todos modos ellos siempre me fastidiaban mucho, pero al final siempre me daban alguna golosina china de premio y agravio como los Chan-Pi-Muei( Ciruelas secas almibaradas ) o los Sik-Fa-Muei ( Ciruelas secas saladas ) que me siguen encantando aún hoy.
Toscos en el trato, gustaban de retorcerle la oreja a uno, y eso me enfurecía mucho, entonces cuando me mostraba agresivo me enseñaban algún movimiento de kung-fu, siempre con buen humor, y es que para los chinos los niños son un tesoro que hay que educar y cuidar en colectivo, un niño malcriado no es aceptado socialmente, y se reconoce a la familia por el grado de educación que tengan sus menores. A veces yo les acompañaba a repartir por el barrio, los paquetes de ropa perfectamente envueltos en papel blanco amarados por cordel, y con el consabido mensaje en chino que sólo ellos entendían.

Fue en esos pliegos de papel que tenían encima una pieza de madera dura pesada como pisa-papel y que ellos además usaban como arma de combate ( llegado el caso ) sobre los que hacía mis garabatos, dibujaba entonces historias completas que luego explicaba en detalles, sobre todo a Julito y Joseíto los más jóvenes que se deleitaban con mi fantasía, ellos más tarde fueron a trabajar a la bodega de mi padre lo que prolongó la amistad hasta que en 1969 decidieron emigrar hacia su lugar de origen, fue Joseíto quien me regaló mi primer set de tinta china, que consistía en un mortero ancho y bajo, hecho con un material áspero para que sirviera para diluir en un poco de agua la barra gruesa de tinta china sólida toda labrada en imágenes de dragones, que uno “raspaba” contra el fondo de manera que en ese movimiento circular se iba obteniendo una tinta china cuya densidad dependía de cúan fuerte y negra se necesitara, esa tinta era tan pura y fuerte que una vez usada no había forma de quitarla de la tela o del papel, por ello los chinos marcaban la ropa en los pliegues ocultos o al final de la prenda con el “sello personal asignado” al cliente.

Luego estaba el pincel chino, hecho de pelo de cola de caballo, de una punta finísima que se manipula de un modo muy especial, y que con la debida habilidad hace trazos del espesor de un cabello hasta del grosor del ancho del pincel o más, el arte de la caligrafía china es algo que merece una consideración muy especial.

El recuerdo más entrañable de aquellos trenes de lavado era el olor a limpio, a almidón, a carbón encendido, y sobre todo la camaradería y el buen humor de mis amigos de entonces, jamás los olvidaré, forman parte de una Habana que vive en mi memoria y no volverá y que comparto en estas líneas de nostalgias para que no se olvide.

2 comentarios:

Lazaro Gonzalez dijo...

Wow man!, enlazo esto.

Anónimo dijo...

Una de las ultimas lavanderias chinas que yo vi en funcionamiento es la que estaba en la calle 15 entre 8 y 10 en el Vedado (en la acera norte)a dos cuadras de mi casa. Ellos lavaban la ropa de mi casa incluyendo mis uniformes de ir a la secundaria y luego al Pre. En el 1968 desaparecio la lavanderia china junto a todas las bodegas y otros negocios pequenos de esa parte del Vedado, como parte de la "ofensiva". Le robaron todo a todos. Y los pobres chinos al poco tiempo se fueron del pais.